Fragmentos de “Camarote” por Nicolas Meneses|Ediciones Balmaceda, 2015|

Portada-CAMAROTE-FINAL

Camarote de Nicolás Meneses | Ediciones Balmaceda |

 

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Hagamos una apuesta: a que no explicas la noche sin luz eléctrica. Sentados en la vereda, atentos a la función de la inmortalidad. Miradas avanzan entre el brasero y la cancha en penumbras. Las estrellas abanican el arco. Una estela de agua brilla en la cuneta. El caserón acumula restos de luna en el techo. En ese momento todo es un poco de apretarse en la almohada fría. Saltan chispas y alumbran el baile. Dos luciérnagas se tambalean en el umbral.

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La tarde avanza con la pauta del control remoto. Mi abuela apaga la tele y exige que uno vaya a comprar al almacén. De regreso dejo el pan en la cocina y le paso el cambio envuelto en la boleta arrugada.

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El primer punto de encuentro después de la escuela es la casa del Chelo. Lo llamamos y entramos a ver el Gato Cósmico a la pieza de su mamá. Al rato llega la señora a ver la teleserie colombiana y tenemos que correr a la casa del Lalo. Instalamos el Nintendo en el living-comedor y nos ponemos a jugar Donkey Kong. Aprovechamos hasta que llega su mamá a desconectar el juego para ver la teleserie venezolana. De ahí nos viramos a la casa del Caco. Ponemos a los Supercampeones pero llega su tía y se pone a ver la teleserie brasileña echada en el sofá. Entonces vamos a la cancha de enfrente, armamos dos equipos, nos tiramos al cachipún y pichangueamos hasta que terminan todas las comedias en esta parte del mundo.

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Le pintamos a un póster de la Thalía bigotes, barba, pecas, dos dientes y le juntamos las cejas.

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El mundo no era malo dentro de las sábanas que olían a nosotros. A veces jugábamos a ser niños que se acuestan temprano y no hacen ruido en su cama. La abuela recibe visitas, responde encuestas y algunos saludos. Los curiosos siempre preguntan por los bultos bajo las frazadas. Al mirar nuestras caras, intentan adivinar quién se porta mejor. En la llanura de los sueños fingidos, la imaginación se dispara sin luces.

 

 

Oso miedoso

Un camión lo trajo amarrado de una pata por peligro de extinción. Por falta de un lugar adecuado lo mudaron. Pararon a comerse una cazuela mientras esperaban noticias del zoológico. De aburrimiento lo abandonaron. Por suerte los parques de la población están preparados para acoger todo tipo de fauna. El control ambiental aseguró que el informe del tiempo no afectaría su capacidad de adaptación. Entonces procedieron. Al bajarlo se tambaleaba. Para algunos fue chistoso. Otros evadieron su mirada triste. Las garras salían de a poco del contenedor. Asomó de pie tanteando la puerta de acero, mirando con celo las ventanas del pasaje de donde lo saludaba la gente.

Me levanto despacio. Le tapo los pies a la abuela. La señal llega a todos los rincones del país. Le pego un chirlito en la frente a mi hermano. Me acerco a la tele. Presiono el botón de power. Buenas noches Chile. La pantalla de plomo a negro.

 

Escondidas

*

Abrazado al poste miro entre los bordes la aparición. Se apagan zumbidos. Cierro lentamente los párpados. Barajo posibilidades.

*

Revueltos mis puntos cardinales, el pasaje despejado. Froto el ardor en mis rodillas tratando de regular la dirección del viento. Giro la cabeza. Una silueta corre rápido a esconderse.

*

El mundo y sus rondas. Gritos despejando las calles. Desvíos para engañar al vendado y huir hacia las veredas. Termino la cuenta. Salgo a buscar.

*

Agrupadas en el foco las polillas golpean la fuente de luz que alimenta a las calles. Las salidas son entradas, maniobras difusas que llevan dentro. Me acerco con el peligro de que alguien se salve.

 

 

Linderos

Linderos fue un nombre

que inventaron

para que yo viviera:

una palabra

que colinde

con el límite de las otras

palabras.

Lo poblaron

talaron sus naranjos

arrancaron su maleza.

Luego vino

la siembra de ladrillos y tejados

ligustrinas y estacas alambradas

en la plaza una araucaria

y en las calles acacios arces y ciruelos.

La bautizaron

fijaron una fecha de aniversario

importaron un tipo de fiesta

de ropa de comida y de trago.

Da lo mismo si está más al sur o más al norte

ya que en este mundo

el nomadismo

es solo una práctica

de animales

y de hombres.

Nicolas Meneses

Nicolas Meneses

(Buin, 1992) Estudiante de Pedagogía en Castellano en la UMCE. Ha publicado Camarote (Ediciones Balmaceda Arte Joven, 2015). Becario de la Fundación Pablo Neruda (2016) y del Consejo del Libro y la Lectura (2015). Aparece en la antología Halo, 19 poetas chilenos nacidos en los 90 (J.C Saéz Editor, 2014). Es colaborador habitual de Revista Cólera y La Calle Passy.
Nicolas Meneses