DESASTRE RECOMIENDA | Domingo Martínez por Matías Allende

Domingo Martinez. Melones para Chile (cuna) (2015). Madera, esmalte sintético, peluches. Medidas variables.

 

Revista Desastre acostumbra a sus feligreses a recomendaciones estimulantes de textos y autores desconocidos o por conocer, por lo que agradecemos su capacidad purulenta y mutante de ingresar en el espacio cultural, proponiendo múltiples recomendaciones de obras desde musicales hasta literarias. Ahora, pretendemos entrar al imaginario visual contemporáneo a partir de distintas técnicas, disciplinas, retóricas y materialidades. Subvirtiendo la idea de dossier y portafolio, se proponen lecturas narradas de obras que engarzan tradiciones variadas, paisajes estimulantes y referentes combinados de las obras recientes de autores, aún, en “obra”. Vamos a ser caprichoso en nuestras elecciones, porque esto es un problema de gusto, de intereses y de confianzas, como todo en este dinámico campo social, económico y, finalmente –pero muy finalmente– artístico.

Partimos con Domingo Martínez (Santiago, 1990), artista egresado de la Universidad Católica, antecedente poco interesante. Más fundamental en su formación es haber estudiado en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, que es lo mismo que decir que pasó por una de las escuelas más recalcitrantemente aburridas y soberbias del país (amigos abogados saben que es así y los queremos igual). Allí aprendió la idea de aprehender de todos los campos de la cultura, porque como el arte, la abogacía es una herramienta o más bien una metodología a aplicar.

Domingo, de formación en escultura pero con cultísimos referentes, es uno de los exponentes de lo que a mis amigas y a mí nos gusta nombrar: el neoconservadurismo. Arte bello, interesante, punk pero hasta lo necesario, sin chorreo pero con crítica, con ideología pero sin discurso al pedo y sobre todo con emblemas contemporáneos de sociedad y República. Qué lindo es escuchar de República y Estado en artistas jóvenes, que dejan la pretensión centro hegemónica y ven como desde los márgenes se establecen tradiciones contundentes, de las cuales se puede articular imaginarios visuales potentes. Críticos y potentes. El artista trabaja a partir de la noción de patrimonio, y como este puede descontextualizarse y simplemente por un arrojo de historia, volverse una pieza de valor en sí misma. Son como juguetes hechos por artistas, que no son considerados obras hasta que el factor de la fortuna crítica entra en juego. El “huaso” no fue un bien cultural hasta que Tomás Lago pesquiso las repercusiones que tiene en la cultura nacional, y como estas se pueden proyectar al pasado. El huaso y la lavadera, consagró desde el siglo XIX al primero y la historia invisibilizó a la segunda, pero la cultura popular tomó al primero y lo volvió condorito y un firulete; para bien y para mal.

 

Domingo Martinez. Melones para Chile (2015). Cajas de cartón para melones de exportación, peluches. Medidas variables.

 

Domingo Martínez a partir de diversos materiales, algunos más nobles que otros, genera emblemas apócrifos de la identidad chilena contemporánea. Recogiendo con humor la nomenclatura científica para los emblemas prehispánicos. El humor para tratar temas sobre la identidad es estar más cerca de esa identidad en común (es como una endoscopia con mucha morfina, en vez de una operación a tajo abierto). Estos emblemas abren preguntas sobre el activo que representa hablar de república y de nación, de la potencia reprimida y suprimida sobre los valores contenidos en la condición ciudadana. Sus materiales de trabajo, por baratos poco nobles, pero por poco nobles aún más significativos. La chimba, condorito, el pipeño y Cartagena, no son símbolos por lujo y monumentalidad, sino por barro, tierra, polvo, ojotas, guata, resacón y boca de cenicero.

En tiempos de los neo, los post, los pre y los entre paréntesis, me quedó con los conservadores nuevos, con los descategorizados, con los emblemas graciosos, engrasados en aburrimiento, vino en caja e intelectualidad venida menos (pero que alguna vez sí valió la pena). Finalmente, porque Chile exportó intelectuales como se exportaron melones, porque dentro de las nuevas nuevas americanas, en este lado del mundo entregamos melones, jugositos y dulces, así que por lo menos satisfechos estamos de la suplencia. Sobre lo jurídico, lo sarcástico, lo ético y el patrimonio; neoconservadurismo, por un arte bello y huasos borrachos de vino viejo; atentos a este muchacho.

 

Matias Allende Contador

Matias Allende Contador

(Santiago de Chile, 1990) es Licenciado en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile. Ha desarrollado investigaciones en torno a arte y cultura contemporánea en el Cono Sur. Actualmente es investigador permanente del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile (MAC), además trabajó como asistente curadurial en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (MNBA).
Matias Allende Contador