La poesía no es un proyecto | Dorothea Lasky (Overol, 2016) | Selección de fragmentos por Gabriel Zanetti

 

 

Cuando quieres leer no puedes leer

Cuando quieres leer, no puedes leer

Cuando quieres amar, las personas nunca están ahí

El pájaro en el cable está lleno de fuego

Y él es rojo fuego, pero nunca está

Mi padre dice que hay una casa a la que solía ir

Donde su hermano y seis viejos le daban algunas monedas

Le pregunto quién soy y me dice que soy su esposa

Papá, soy tu esposa en este mundo y en el próximo

Bajé al pozo de fuego y vi que eras mi esposo

Quería escribir un cuento sobre eso, o una novela

Quería encenderlo todo pero nada estaba ahí para quemarse

Atravesé el fuego con mi cuchillo

Era una espada de fuego

Que agité por el mundo, oh cómo agité

La gran espada de fuego que encendió el cielo

Encendí el cielo

Creo que fui el sol

Que me acompañaba todo el tiempo, aunque nunca lo supe

¿Pero quién puede saber en qué se transformará?

Ellos sólo pueden vivir como si nunca lo supieran

Bueno, quién podría vivir toda una vida

Sabiendo siempre que nunca formará parte

 

Zombis

Algunas personas son zombis

Algunas personas viven con zombis

Yo vivo con un zombi

Los zombis tienen afectos planos

Son tan frustrantes

Me transformo en un demonio

Cuando encuentro

Una pesadilla de ojos azules

Curvo mi sonrisa hacia la suya

Qué nivel de agua hace el ojo sin ojo

Oh, sí, somos botados como basura

Cuando morimos

Oh sí, no hay elevación

Y me arrojo a mí misma frente a un vagón de tren

Y otra vez frente al vehículo

Después frente a un avión

Un bote, una cosa interminable

El sol quema un cadáver que es negro y azul

Y yo sigo viviendo sin mi propio ser

Y me transformo en una lírica cuando veo ese zombi

Y me vuelvo feroz cuando me encuentro con ese zombi porque

Ese zombi se parece mucho a mí

Pero a las partes feas de mí, también

Porque no tiene estilo

No tiene un sombrero verde operático

Y porque lleva bultos marrones de suciedad en los bolsillos

Cuando en mis propios bolsillos yo llevo las flores

Que tomé de los bolsillos del zombi

Para dártelas

 

 

Lo que los poetas deberían hacer

Los poetas deberían volver a decir cualquier cosa

Todo el tiempo

Estoy harta de los académicos o de los empresarios diciéndonos a los poetas

Lo que deberíamos hacer

Un poeta es un científico

Que trabaja para la poesía

O para la ciencia

Porque ambas se relacionan con el budismo

Sin embargo, las dos son cosas que se funden

Una neblina púrpura o el alba

Que se hunde

Siempre un ánimo cambiante,

Pero es verdad, yo los amo chicos y chicas de la madera y las palabras

Digamos lo que se nos cante

No tenemos que defender nada

Declamar es un derecho que nos ha dado Dios

No, déjenme empezar de nuevo

Hablar es nuestra ley universal

Sin notarios que midan si los argumentos de nuestros

Versos son más o menos delgados

Sin que nos ordenen hacer un tratado sobre el lenguaje, no

No, nosotros seguimos viviendo y viviendo y viviendo

Eso es hermoso, y los poemas también son hermosos

Los poemas y las conchas

Esas pequeñas nadas las recolecto

Todo el santo día

Son señales de un consuelo posible

Que suavice los bordes dentados

De esta viajera preocupada

Eso es lo que los poemas deberían hacer

Y eso es lo que poetas hacen en realidad

Maldita luz

Siempre dándome en la cara

Sólo quiero un poema del que hablar

Entonces sigo y sigo

Hasta la noche

Y las personas del pueblo te dicen

Que tal vez vieron

Un monstruo

Pero no no, yo era sólo el amanecer

 

La poesía no es un proyecto

(fragmento)

Habitus

Una vez escuché a un académico usar la palabra “proyecto” cuando presentaba a una poeta en una lectura. No paraba de hablar: “Su proyecto refleja el proyecto de Dickinson, bla, bla, bla”. La comparación me parecía bien, pero no estaba segura de que la poeta en cuestión tuviera concretamente un proyecto. Hoy en día, los críticos de poesía y los académicos se refieren con frecuencia al cuerpo de obra de un poeta como un “proyecto”, pero yo no creo que los poemas funcionen así. Yo creo que los poemas vienen de la tierra y trabajan a través de la mente desde el suelo hacia arriba. Creo que los poemas son cosas vivas que crecen desde el suelo hacia el cerebro antes que cosas que el cerebro planta en la tierra. Creo que un poeta intuye un poema y un científico lleva adelante un “proyecto”. No sé. Eso también parece equivocado. Los poetas y los científicos son muy parecidos en muchos aspectos. No debería decir que son tan distintos. Pero igual pienso que hay una diferencia. Y la diferencia, creo, es muy importante para la forma en que pensamos la poesía en el siglo XXI. Porque quiero que este nuevo siglo esté lleno de gente que escriba poemas, no lleno de poetas que realicen proyectos y no hagan nada más.

Es probable que algunas personas se enojen con uno de los sesgos, por cierto superficial, del mero hecho de traer esta idea a colación. Sin duda, muchos dirán: “Pero yo tengo un proyecto”. Y otros certificarán: “Oh, y el origen del término proyecto en el contexto de la poesía tuvo lugar en el momento en el que DADA…” (bostezo).

La verdad es que no quiero ser ofensiva con nada de lo que cualquier poeta hace para escribir poemas. Lo que estoy tratando de decir es que probablemente lo que la mayoría de los poetas hacen no es un proyecto sino un acto de intuición.

 

Quizás debería olvidarme de todo este asunto. Quizás hoy en día un poeta que quiera ganarse la vida como poeta necesita tener un proyecto para sobrevivir, y simplemente necesito entender este hecho en su justa dimensión. Pero cualquiera sea el caso (y este caso no es menor), no creo que a Emily Dickinson le importara un carajo el tener un proyecto. El término restringe la inmensa obra que ella nos dejó.

Lo entiendo. La palabra proyecto viene de las artes visuales. Y también de otros mundos como la ciencia, los negocios y la educación. Pero sobre todo del mundo de las artes visuales. Y si hay algo que los poetas quisieran ser hoy es artistas visuales. ¿Por qué? Porque los artistas visuales tienen todo el dinero. Tener un proyecto (y rotularlo) sigue siendo una poderosa herramienta. Un poeta con un proyecto tiene todo establecido incluso antes de empezar. Un poeta con un proyecto nombrable parece sabio y mejor que uno con proyectos sin nombre. Pero esta forma de pensar se me figura como una gran estupidez que nadie quiere aceptar como tal. Yo creo que si de verdad eres un poeta, no piensas que esa es la forma en que funciona la poesía.

Cuando mencioné el verbo “intuir” más arriba –que los poetas intuyen los poemas– lo que realmente quería decir es que crear algo como un poema significa que el mundo exterior de una artista y las pulsiones internas dentro de ella se mezclan y se difuminan. Pero el impulso es algo tan humano, tan instintivo, que quizás sea difícil tomar suficiente conciencia de él como para poder nombrarlo.

Nombrar las intenciones de uno es genial para algunas cosas, pero no para la poesía. Podría argumentar que un poeta con un “proyecto” que puede explicar con lucidez es, en el mejor de los casos, un poeta bastante aburrido. O sólo un poeta bebé, no un gran poeta. Un poeta que dice que tiene un proyecto probablemente no entienda la idea de habitus y su intersección con el acto de creación. Lo que es similar a decir que cuando un poeta interactúa con el campo o dominio de la poesía, es tan consciente de la enorme historia que representa en sus palabras, que deja que esta historia lo aplaste. Sí, creo que el término proyecto no tiene nada que ver con la poesía.

Es más, creo que la noción de un proyecto poético puede llegar a ser tóxica para la poesía. Y tóxica para la poesía no sólo en el sentido de ser mala para los poetas que están viviendo y trabajando en el contexto de la poesía hoy, sino también para los nuevos poetas que están surgiendo entre nosotros. Y para los futuros poetas que todavía no existen. El término “proyecto” parece sugerir que un poeta puede empezar a transitar el camino de su vida sabiendo todo el tiempo qué es lo que hace. Y decirle esto a un joven poeta es hacerle sentir que tiene que saber las dos cosas: cómo hacer un proyecto y cómo hacer un poema. Ya es bastante difícil crear un poema. Si alguien está destinado a ser un gran poeta, nunca sabrá cuál era su proyecto en realidad, no importa que diga cuál es o fue su proyecto, ni lo que pueda imaginar que es. Lo que es lo mismo que decir que un poema, tal como una cosa, se resiste a que se hable sobre él en su no linealidad. En su mismísima no linealidad. En la vida real del poema, mierda.

 

De La poesía no es un proyecto, Dorothea Lasky (Overol, 2016)
Selección y traducción de Cecilia Pavón / Imágenes de Daniela Escobar

 

Gabriel Zanetti

Gabriel Zanetti

Santiago, 1983. Ha publicado Cordón Umbilical (Spleen Ediciones + ML Ediciones 2008, Malaletra Editores, 2009) y Prohibiciones y títulos (Lecturas Ediciones, 2015). Es productor literario en Ediciones UDP.
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