“El placer del viento” (selección) | Elisa Villanueva | Poesía inédita

 

Una flor de jacarandá sobre el cemento caliente

me hizo tropezar hoy

me di vuelta y la recogí entre manos

la palpé como si siguiese viva

caminé con ella empuñada

y me teñía,

pegoteada entre mis dedos.

Todos pasaban y yo seguía con el puño fragante,

la palma morada, no fui capaz de abrirla.

Lo que se arruga dentro de una mano,

lo que se alberga en la palma

solo puede nacer en el encierro.

 

 

Entiendo la teoría de la vecina

la distancia en los ganchos

no acepto, el estiramiento discreto del cordel

cada cosa debe caer

por su propio peso

mentira, todo lo expuesto

esta ropa tendida no tiene casa

o esto

es parte del plan de la vecina

borrar todo

estirar todo

y echar cloro hasta el anonimato.

 

 

Encontré ventanales

abren la vida de los otros,

sin cortinas,

toman té y mastican comida,

ven la televisión.

Ser espectador,

la ruta es trabajo de campo

adoptar una posición científica

frente a los hogares

ellos me observaron,

y el silencio era hipnótico.

 

 

Amplia la mantarraya en aguas templadas

se expande

en tránsito epidérmico, aparenta flotar

apropiado o no agarrarse para ser arrastrados bajo el agua

hasta ella desconoce

el contacto con el hombre

hilando el movimiento de reliquia de lo bajo

suave, abre su capa

el velo silencioso del nado solitario

vampira en ilusión de ser cobijo, que la manta atrape y sea doblada con cuidado

aleteando en formas insospechadas, sus órganos luce y desliza como llagas

alerta en guardia del océano, ya no duerme en el fondo

y florece como loto en mar abierto.

 

 

Los túneles no elegí habitar

y trasladan mis momentos a oportunas explosiones

de cáscaras de un huevo que no nace

y forma parte

de la calle, la avenida

principal de los discursos

izados en banderas de poliéster e inflamables.

Entrando al aeropuerto me deslizo

en mecánicas alfombras que camino sin moverme

y concluyo con un vuelo,

anulando los llamados

fuerte apoyo mis zapatos en el piso de la nave

alucino medicada por los gritos de la calle

y recuerdo tragar baba, abrochar los cinturones.

Algo pasa en mis oídos que se amplían como mundo,

un silbido que permite reflejarme en su tibieza

una oreja es una parte que conecta con mi todo

si se tapa me descubre en un diálogo uniforme.

 

 

No cortar la flor y dejar que decaiga

la ilusión de frescura por caer

encorvada, en apertura

da la mano con sus hojas aplastada por el cielo,

amurrada por el aire que circula como leche.

Elisa Villanueva

Elisa Villanueva

(1987) Licenciada en Letras Hispánicas, Magíster en Libros y Medios Digitales. Ha participado en talleres de poesía con Christian Anwandter. Trabaja en su su primer libro.
Elisa Villanueva