Desastre Recomienda | “Apagar un incendio y terminar una pintura” por Matías Allende

Desastre Recomienda | “Apagar un incendio y terminar una pintura” por Matías Allende

Vista General, Apagar un incendio y terminar una pintura de Elías Santis & Ernesto Gougain. Cortesía de los artistas.

 

Este texto se titula tal como la muestra que recomendaré, una exposición tan sugestiva que me motivó, sin lugar a dudas, a posponer mi descanso necesario de febrero nacional, un período lleno de vagancia. Tiempo definido por la terapia playera, es decir, dormir hasta tarde, comer desayunos eternos al medio día, playa hasta el atardecer con un mate y empanadas de mariscos, regresar comiendo pasteles y tomando café, cantar de noche mientras se cocina. Eso, en loop varios días, para que el cerebro duerma y el cuerpo se llene de sol y sal, que volvamos duritos de costras costeras y la labor de la escritura derive solamente en traducir cancioneros. Pues, en eso estaba cuando me enteré de Apagar un incendio y terminar una pintura, en un poblado próximo a la ciudad de Valparaíso y partí al centro de la ciudad porteña por la tarde. La exposición estaba en Casaplan, un lugar fascinante entre café, taller gráfico y galería de arte; un delirio, pero funciona. Porque en Valparaíso las cosas delirantes funcionan.

Apagar un incendio y terminar una pintura (del 9 al 18 de febrero de 2017) es una muestra de los artistas Elías Santis y Ernesto Gougain. El primero, un pintor argentino radicado en Valparaíso, reconocido por sus telas miméticas, hiperrealistas, donde demuestra una maestría en el uso del óleo y el retrato; el segundo, un realizador audiovisual chileno residente en Buenos Aires, que alterna en su producción el cine con la pintura. Es así como hay un intercambio equivalente, no sólo como dos amigos trasandinos que se mueven en espacios ambivalentes (puertos, pintura, representación), sino también como dos caminos de experimentalidad opuestos: la pintura de cuño duro y la imagen en movimiento, para derivar en una pintura expresionista pero tamizada con todos los antecedentes anteriores. Un delirio para definir, una carrera mutante que, nuevamente, aparece como sorpresa porteña.

 

Desastre Recomienda | “Apagar un incendio y terminar una pintura” por Matías Allende

Ernesto Gougain, Diego. Cortesía de los artistas.

 

La muestra, que ocupa la sala del segundo nivel de Casaplan, inicia con una tela de Santis que se titula “Mujer frente al espejo”, un óleo exquisito que recuerda ciertas sinuosidades de algunos artistas surrealistas, pero también al mundo onírico pesadillezco de William Blake. Sin embargo, la obra está compuesta por personajes que provienen de un repertorio iconográfico amplísimo, y que Santis introduce como pequeños guiños a la historia del arte, donde lo único cotidiano es la muchacha ante el espejo contemplando su reflejo, piernas cruzadas, zapato blanco, y el otro únicamente señalado por el contorno azul de la penumbra producida bajo la mesa. La tela compuesta por una paleta rojiza pero rebajada, presume calidez y contrasta con la terrorífica escena, consagrando al ser antropomorfo que se aproxima a la muchacha. Ese repertorio iconográfico se alegoriza aún más, en la tela de Santis “Los antecesores”, que recuerda a una natividad, con los personajes parentales mirando al recién nacido, y los secundarios, seres espectrales y antropomorfos, que también miran con dicha. Sin embargo, son los abuelos quienes protagonizan la composición, como una sagrada familia ampliada, relativizando la narración para seguir construyendo escenas desde un espacio onírico, e incluso más evanescente que la tela antes referida. Por otro lado, el óleo: “Ningún pensamiento”, ya no mantiene esos fondos sensuales sino que compone sobre un fondo casi plano de color, a una serie de personajes que interactúan en una diáspora de imágenes aleatorias. Nuevamente encontramos bebés, ahora mujeres madres, mimos infantiles protagonizan la tela, sin embargo personajes disruptivos y perturbadores, como el hombre de la túnica café que, mirando al espectador, captura la mirada y obliga a rechazar la tela.

 

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Elías Santis. Mujer frente al espejo, 2017. Cortesía de los artistas.

 

Ernesto Gougain, por su parte, presenta pinturas más heterogénas y concretas, pero no por ello menos seductivas. Dos telas presentadas como díptico —aunque totalmente autónomas en su realización— son particularmente notables. Por un lado “Perros”, una composición sencilla con una paleta restringida pero bien equilibrada, y compone un paisaje metafísico donde lo único reconocible son dos perros retozando. Perros pequeños que reposan sobre una sombra contundente por lo oscura y por el peso que genera en el conjunto total. Recuerda el perro de Goya que se asoma, también en una tela de dos planos, seca, triste y monumental en su profundidad. La “segunda” es “Pizzería ‘La montaña’”, me refiero a la segunda porque una junto a la otra funcionan en un diálogo fascinante, donde los colores se equilibran por sí solos, sin amaneramientos o recursos forzados. Esta tela es un detalle de una pizzería del Gran Buenos Aires, que estaba siendo remodelada. El papel mural –unas montañas que titulan la pizzería– desaparece por las manchas de pintura. La composición cerrada, hierática casi, atrae por la montaña en un espacio ventana que claramente no lo es, con dos objetos que se suspenden en la tela: un servilletero y una plancha –que arrobándose un carácter monolítico–, llevan la escena nuevamente a un lugar de indeterminación temporal y espacial.

Los retratos en Gougain siguen otra senda, diferente a sus telas y totalmente a la inversa de lo que realiza Santis, radical, si pensamos en su producción previa. “El Mono” es una pequeña obra con varios materiales desde esmalte a acrílico, y es casi una consagración a la tradición “manchística” nacional. Por otro lado, “Diego”, una pintura que por sencilla es notable, manejando su paleta estricta, ejecuta un retrato de su compañero de taller, donde los traspasos y las zonas vacías de la tela generan volúmenes riquísimos.

Apagar un incendio y terminar una pintura es una exposición que obliga a volver al lenguaje de la pintura en la escritura y en los procedimientos de comprensión, pero desata también la experiencia patética de estar frente la obra y dejarse llevar. Calar los detalles. El verano, la playa y el puerto, vuelven aún más romántica la experiencia que, sin duda, colabora en el disfrute general de una exposición entera. Los incendios marcaron nuestro verano 2017, un verano que ahogaba a los habitantes de la zona centro del país; los incendios marcaron a los artistas. El aire marino, la terapia playera, las telas de Santis y Gougain, son puro aire, es una experiencia completa para reenamorarse con la historia de la pintura y el puerto principal.

Matias Allende Contador

Matias Allende Contador

(Santiago de Chile, 1990) es Licenciado en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile. Ha desarrollado investigaciones en torno a arte y cultura contemporánea en el Cono Sur. Actualmente es investigador permanente del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile (MAC), además trabajó como asistente curadurial en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (MNBA).
Matias Allende Contador