“<<Mi lugar fantasma de trabajo >> Los talleres de Flavia Contreras” por Santiago Miranda y Sergio Soto

“Mi lugar fantasma de trabajo” Los talleres de Flavia Contreras por Santiago Miranda y Sergio Soto

Flavia Contreras

La práctica artística, en un ideal romántico, exigía además de ser dueños de un don, poseer un espacio físico de resguardo, un capullo mágico que le permita al artista refugiarse del mundo exterior con el fin de crear y madurar su obra. Además del artista, solo unos pocos seleccionados tenían la posibilidad de entrar a estos espacios sagrados de regocijo al culto narcisista. Este ideal entra en crisis en un contexto donde la práctica artística contemporánea no tan solo se ve modificada por factores económicos, sociales y políticos, sino que también por una transformación hacia lo transdisciplinar. El taller en respuesta a estas nuevas realidades se vuelve oficina, casa, una red social abstracta, computador portátil, fiesta o gimnasio. Se conjugan la falta de presupuesto, la falta de espacios, la falta de tiempo, el exceso de ideas, las inseguridades propias de la experimentación y la búsqueda de un lugar en un sistema que reúne distintas prácticas artísticas. ¿De qué manera se relaciona el artista con el taller contemporáneo, cuando la praxis artística se disocia de un espacio físico específico? En esta serie de entrevistas buscaremos entender cómo se relaciona el artista con estas nuevas formas de taller.

Flavia Contreras (1992. Santiago, Chile) video-artista egresada de la Universidad Católica, trabaja entremezclando materiales de los relatos históricos del Chile post dictadura con su autobiografía. En su obra audiovisual y de instalación, el uso del archivo personal, material audiovisual y texto, se mantienen en equilibrio como el espejismo de una pirámide de monumentos y ventiladores:  grotesco, fantástico y banal.

Flavia respondió a nuestras preguntas, que en un principio estuvieron centradas en la experiencia de un taller virtual –alojado en el computador–, para luego adentrarnos en su metodología de trabajo y en cómo la obra, en comunidad, forma espacios de resistencia.

Podríamos decir que la noción de “taller” nos sirve para definir un espacio que se transforma constantemente según las necesidades del artista ¿Cómo ha sido tu experiencia de taller en tu práctica artística? ¿Podrías definirla considerando que hasta el momento, después de haber tenido un taller físico, tuviste a tu disposición solo lugares  “fantasmas”?

El taller es un lugar donde tengo todas mis referencias, mis materiales de investigación y me puedo sentar a leer e investigar. Para mi ese es el trabajo de taller, no necesariamente el lugar de producción, sino el lugar de investigación. El trabajo “de escritorio” es una desvariación, un espacio donde veo algo y puedo darme cuenta de cosas. También es un lugar para armar un mapa de trabajo y de investigación que podría derivar en obra. La obra en realidad, en el caso de que sea video, puedo hacerla en cualquier parte, pero el problema aparece si tengo que hacer otra cosa, que sea más grande o más “objeto”, como no tengo taller, no tengo un espacio físico y es más difícil hacerlo tangible.

 

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Flavia trabajando en el espacio de taller que armó en su casa, 2016. Cortesía de Flavia Contreras

Por ejemplo, si tuvieras un estudio de grabación ¿se condicionaría tu obra ante la posibilidad de crear un espacio diferente de imágenes?

Probablemente sí, si tuviera un estudio de grabación gigante, claro, gran parte de la obra se condicionaría. La obra se determina por los recursos. Si tuviera un estudio de grabación eterno y tuviera treinta focos, un dolly y un riel, obviamente estaría todo el tiempo ahí. Me serviría para hacer experimentos, probar distintos tipos de tomas.

Siento que hay un tema en mis videos que está condicionado por la falta de presupuesto. Una falta de dirección de foto, una falta de equipo humano. Cuando haces cine necesitas un equipo de veinte personas y yo no los tengo. Mi trabajo está siempre reducido a las posibilidades que se me dan trabajando sola, o de cuál es la cámara que me puedo conseguir para grabar material afuera. En ese sentido, el espacio de trabajo también determina al final tu forma de producción.

Pero aun así en En todas partes y aquí conseguiste un espacio para grabar y a un montón de gente para trabajar contigo.

Sí, pero solo es una escena y también comienza con la intención de movilizar a un equipo de gente. A diferencia de formas anteriores de trabajo, esta vez era distinto, tenía que ver con cómo grabar una escena con equipo. Antes de eso, pensaba en formas específicas y, por ejemplo: iba a tres locaciones, grababa escenas cortas y las mezclaba con imágenes encontradas e imágenes de archivos mías. Después el trabajo en equipo consistía en consultar a más personas sobre el montaje o la narrativa. Más que un taller en específico, eran distintos lugares donde le mostraba el proceso a gente diferente y recibía sus opiniones.

 

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En todas partes y aquí, videoinstalación, obra en proceso, foto cortesía de la artista

Retroalimentando el trabajo.

Claro, yo creo en el sistema de producción de arte, en un sistema de equipo comunitario, y si pudiera, tendría una oficina con treinta personas donde todos haríamos la obra juntos. Ese es mi ideal de taller, una comunidad de producción.

¿Tu taller ideal estaría más enlazado a las formas de producción del cine? Pensando en las divisiones del trabajo que son propias de esta disciplina.

Creo mucho en el arte como un ejercicio de producción de comunidad. Como la obra de Apichatpong Weerasethakul: ir a un lugar, hacer la película, pero también hacer un trabajo con la gente de ahí. Y con la misma gente hacer cortos, un videoclip y no sé… un libro también. Siento que para mí, ese es el espacio fundamental que todavía no encuentro porque todavía no salgo de mi casa, todavía no salgo de mi escritorio a hacer ese trabajo en comunidad o equipo. Es un compromiso difícil de tomar porque requiere mucha fuerza humana y producción que aun no puedo asumir.

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Flavia trabajando en el comedor de su casa, 2017. Foto: Santiago Miranda

Entonces, igual es importante para ti el taller. Además de tener este espacio donde tienes tu idea y tus horas de trabajo, también es un lugar para compartir.

Sí, da lo mismo cuánto haga en mi taller o cuánto haga en mi lugar fantasma de trabajo, al final siento que también hay un trabajo solitario de investigación. Lo fundamental del trabajo de taller es lograr un espacio donde se compartan espacios creativos y de retroalimentación. Como lo que pasa en la universidad, cuando tienes un taller con veinte compañeros y al final de semestre todos tienen ideas permeadas, o tocan temas similares de distintas formas.

Para mí es importante pensar el arte como un ente movilizador. Y más que el arte, el cine, el cine tiene una resistencia política. Esto me lo han rebatido muchas veces, pero el cine tiene un lugar de construcción comunitaria que no tiene el arte. Es un lugar que permite una construcción comunitaria, fuera de la industria, un trabajo donde se entremezclan ideas. Es una posición anti-individualista. Ese sistema de trabajo es una resistencia política a una forma de producción que es súper ególatra y sobre uno mismo. Pienso que la única forma de dejar de hablar de uno mismo es también hablar desde muchos lugares a la vez y ser varias voces en una. Cuando ya no tienes un autor definido, sino que es un trabajo que recoge lo que pasa en un espacio social, ya no es la obra de este humano particular, sino que es un lugar para todos. Da igual el impacto social que tenga o cuantas personas la van a ver, o si tiene o no fondos del gobierno. Esa visión de comunidad siento que es algo que el arte no tiene, o que pasa poco y debiese pasar más. El cine puede ser un lugar de resistencia para que eso siga ocurriendo. No me refiero al cine de grandes industrias, ni de estrenos Cine Hoyts. El otro cine del que hablo puede desaparecer eventualmente, pero resiste de distintas formas.

Volviendo a lo que mencionaste del lugar que ocupa “la idea” ¿Sería subversiva en sí misma?

Tampoco quiero ser Holger Meins en la RFA, pero claro, a veces uno igual se pregunta sobre la militancia. Últimamente estoy pegada con el cine y la culpa del cine. Desde Godard, hasta esta película de Abbas Fahdel (Homeland: Iraq Year Zero), donde el director vive en París y va a ver y grabar a su familia porque se acerca la guerra de Irak. Siento que hay mucha culpa de por medio, ir a grabar algo con la desesperación de saber que va a desaparecer. Y no puedes hacer nada más que grabarlos, porque no eres militante en una guerrilla, porque no tienes más herramientas. Tu única militancia es el cine y la producción, entonces inevitablemente vas hacia esa culpa.

Hablando de esta situación política, en el cine y en el arte hay un grado de militancia. Asumir lo que uno siente frente al mundo, decir “yo no soy capaz de tomar un arma y no estoy en la situación y posición de hacerlo”, y no es éticamente correcto pero sí puedo mostrar todo lo mal que me siento y toda la culpa que siento. Y mostrar esa situación a partir de algo.

Lo fundamental de la producción es compartir esa sensación, y también saber que lo que uno siente puede ser un ancla o un lugar común para pensar en mucha gente más. Y eso se da desde que produces, cuando haces la obra, hasta que la muestras. Puede ser muy romántico pero también es algo visceral.

A pesar de lo romántico que puede ser, se destaca igualmente en tu visión lo político y social del arte.

Sí, pero no llegué a esa visión por querer militar, he llegado a esa decisión por la sensibilidad con la que siento las cosas. Para mí, lo que uno hace o lo que hago, tiene que ser lo más sincero posible con las cosas que creo. Por eso, al mismo tiempo, creo que es sincero mostrar los errores; por ejemplo cuando hablo en primera persona: mostrar a una persona insegura que no sabe lo que está haciendo.

Claro, se nota que hay una decisión, como con la torpeza al hablar, corrigiéndote a ti misma

Sí, y a la hora de editar también, siento que eso es una sinceridad, y siento que también esa sinceridad es parte de otras sinceridades. Ser sincero con la forma en que produces, con la forma en la que compartes, la forma en la que muestras. La forma en la que comentas tu proyecto con el otro, y quieres confiar en el otro, en que sabes que va a entender tu idea y vas a compartirla con él. Siento que es una forma de trabajo que no reside solo en mí, yo puedo tener una idea pero parte de la conformación de la idea es compartirla y entregarla.

Más cuando estás tratando de crear algo que no es para ti nada más

Quizás yo nunca he podido resolver para quién es. Cuando lo hago siento que ni siquiera sé si es para mi, siento que es una forma de decantar todas las cosas que pienso, que leo y escribo. Es una decantación de ideas y teorías, sin querer decir que mi arte es “teórico”. Es una especie de pulsión.

Una urgencia.

Sí, es una urgencia.

Bueno yo creo que es más urgente cuando estás trabajando de manera colectiva ¿No?

Si, supongo que el ideal de un trabajo colectivo es la urgencia que nace de ese momento de cristalización de muchas ideas en un trabajo construido por todos. El tema es que yo aún no logro trabajar de manera colectiva, lo intento.