El paso del tiempo: “Ático” de Francisco Rodriguez por Matías Allende

El paso del tiempo: “Ático” de Francisco Rodriguez por Matías Allende

Francisco Rodríguez, Blue, óleo sobre papel de acuarela imprimado. Cortesía del artista

 

Francisco Rodríguez (Santiago de Chile, 1989) es el primer artista con el que trabajé, el primero al que le dije que me interesaba su obra, que su pintura y la reflexión que hacía respecto a ella era gratificante de escuchar, que había una retroalimentación cotidiana, producto –por cierto– de ser compañeros de facultad. Él, un poco mayor, en el taller de pintura, y yo arrancando historia del arte. Lo que me atraían de sus pinturas era ese fuerte gesto de rescate de una tradición de la historia del arte nacional, ligada a la mancha y sus gestos, a los artistas que la hicieron importante y a la influencia de corrientes extranjeras que mantuvieron el placer por esta disciplina –inclusive– cuando volvió la democracia. Pensar cómo la pintura como pura resistencia, al giro neoliberal, al Chile transicional, las reformas peculiares de la socialdemocracia y todas esas normas, que hoy, o más bien esté año, se vuelven a poner en el discurso de pie. Es así, como si la Escuela fuese un búnker ante los discursos hegemónicos y los desvíos postmodernos y neoconceptuales, todavía se podía hablar de óleo, empaste, Couve, Burchard, Balmes, la Academia de Bellas Artes y una serie de mitos que enriquecían la disciplina que mayor misticismo tenía para nosotros.

El paso del tiempo: “Ático” de Francisco Rodriguez por Matías Allende

General de sala. cortesía del artista.

 

Francisco presenta entre el 17 al 28 de abril, Ático en Espacio O, una muestra exclusivamente de pinturas. 45 piezas se exponen en este breve período de tiempo, todas ellas producidas mientras el artista realiza su master en la Escuela Slade de la University College of London. Una exposición que reflexiona la pintura, pero también de su devenir contemporáneo, haciéndose cargo del espacio, de los procedimientos de montaje, de desestructurar las condiciones obvias –objetivamente obvias– del montaje bidimensional. Sin marcos, con un montaje austero que también se proyecta al piso, el conjunto de obras remite al gabinete de curiosidades o, mejor dicho, a un gran ejemplo del arte de la memoria, espacios emblemáticos que mixturan imágenes posibles e imposibles pero que evocan al mundo propio de Francisco. Una calavera en óleo sobre papel de acuarela imprimado domina la sala, recuerda a la calavera en anamorfosis de Los embajadores de Holbein, pero más bien, y como bien recordaba un amigo de la facultad de Francisco, parece una adoración vudú, espectral, terrorífica, sarcástica, libidinal. Lo mismo vemos en un conjunto de sombras, que se presentan en dos series, una a muro y otra en un plinto improvisado a piso, las cuales cuentan momentos de esta sombra sonriente, que camina por los barrios industriales de Londres o, tal vez, por el barrio de Macul que tiene ese mismo carácter fabril.

El paso del tiempo: “Ático” de Francisco Rodriguez por Matías Allende

Francisco Rodríguez, Structure, óleo sobre papel. Cortesía del artista

 

La vibración de los tonos, por el uso del óleo no se escapa de una escala de grises cuidadosamente trabajada, que da toda la muestra una condición metálica, punk, decadentemente noventera, lo que le suma ese atractivo que nos provoca la evocación adolescente a los héroes de nuestra infancia. Es así como el Francisco que conocía se transformó de un pintor de mi Escuela, fanático de la mancha y el chorreado, de los rostros inexpresivos y las pinceladas acuosas; a un artista que propone un imaginario marginal, generacional, oscuro y urbano. Pero son la misma persona, en el paño atiborrado de pinturas de muros y objetos, está en lo más alto de la composición un techo, metálico y de dos aguas, que para cualquier estudiante de las Encinas es reconocible por completo. Ahí está mi compañero de pasillos, que deambula ahora por el Londres neblinoso e industrial. Independiente a los momentos de callejear, de borrachera, de peleas, distancias, discusiones, risas, comidas frías en los pasillos de la facultad, muchos cigarros y todas esas cosas que constituyen la cotidianeidad y convivencia, el tiempo inexorablemente constata el desarrollo de los procedimientos artísticos, muta, cambia, no progresa, se combina en una expresión telúrica de la tierra, en otra extranjera.

 

El paso del tiempo: “Ático” de Francisco Rodriguez por Matías Allende

Francisco Rodríguez, Amarillos, óleo sobre papel. Cortesía del artista

Matias Allende Contador

Matias Allende Contador

(Santiago de Chile, 1990) es Licenciado en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile. Ha desarrollado investigaciones en torno a arte y cultura contemporánea en el Cono Sur. Actualmente es investigador permanente del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile (MAC), además trabajó como asistente curadurial en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (MNBA).
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