Artes Visuales | Luna Acosta o la casa por dentro | por Matías Allende

 

Luna Acosta o la casa por dentro | por Matías Allende

Luna Acosta. De la frontera nadie sabe | NAVE. Movimiento Sur. Santiago de Chile. Imagen cortesía de la artista

 

La obra de Luna Acosta trata, en primera instancia, sobre las migraciones de sus compatriotas colombianos, quienes persiguen el sueño de la paz y el confort fuera de los límites territoriales impuestos por la historia de la América Latina republicana. Límites no engarzados con la necesidad de nuestros pueblos originarios y que, como reverberación de consecuencia de clase, tampoco son satisfechas en los grupos subalternos de nuestro continente mestizo. Sus piezas refieren a ellas y ellos, y también a la propia artista, quien migra de Bogotá para vivir, trashumante, entre distintas ciudades de la región, llegando al cono sur con su clima árido, frío, de vegetación escasa y geografía abrupta. Refiere a ella en tanto que lleva la casa por dentro, a Colombia como un hogar presente en la sangre derramada a través de sus performances, y en su raza mulata, desde donde defiende férrea, la otredad que aún significa la negritud.

Luna es una artista, investigadora y performer. De una mixtura radical, no sólo por sus tránsitos, sino también por su raza. Mulata de negro y blanca, mitad bogotana, mitad antioqueña, escolarizada en su tierra natal y con formación universitaria en artes en Buenos Aires, Argentina. Llega a Santiago de Chile por ciertas circunstancias, pero principalmente por las pocas posibilidades de pavimentar cierta producción ideológica allá en el país más temido de América del Sur. El estigma sobre Colombia pesa, de eso no hay duda. Las representaciones –en su mayoría prejuiciosas y llenas de romanticismo– glorifican el narcotráfico, desmantelan la capacidad popular del pueblo colombiano, y sobre todo no refieren a las dinámicas de causa y consecuencia que tuvo el intervencionismo estadounidense, ampliamente conocido por todos los ciudadanos de la región. Colombia tiene narcos, Colombia es de derecha, Colombia tiene paramilitares, y arrastra un exterminio previo, donde a punta de fusil se desmanteló la izquierda institucional y extra partidaria (de cerro y selva). Sin embargo, como refería anteriormente, de prejuicios se constituye lo cotidiano y en el caso de una colombiana, de donde seas y al lugar que llegues, el peso está y la sangre tira (por supuesto que tira). Desde su llegada, Luna Acosta continuó preguntándose por las expansiones del cuerpo, su relación con la máquina, y dónde estas se constituyen como frontera o definitivamente las rompen.

 

Luna Acosta o la casa por dentro | por Matías Allende

Luna Acosta. De la frontera nadie sabe | NAVE. Movimiento Sur. Santiago de Chile. Imagen cortesía de la artista.

 

Los sujetos interpelados en algunas de sus performances son colombianos migrantes en Chile, y comparecen como voces susurrantes en los videos exhibidos por la artista. Mujeres y hombres, que tras sesenta años de conflicto armado en ese país, han decidido en los últimos años, venir a vivir a la nación más austral de nuestro continente. El por qué de cambiar su tierra por otra, está sustentado básicamente en las consecuencias de una violencia arrastrada, una que con la caída de los principales cárteles que controlaron el narcotráfico durante la década de los noventa, provocó que en el cambio de milenio, la violencia de los paramilitares y grupos de terrorismo de Estado se hicieran más evidentes. El proceso de paz iniciado el año pasado es una posibilidad de cambio en el territorio, sin embargo, llega tarde para un sinnúmero de víctimas, directas o indirectas, que han decidido salir de los límites nacionales. La promesa de Chile, de sus grandes yacimientos mineros y capacidad de empleabilidad, no es distinta a cualquier otro de los dreams planteados por el modelo neoliberal. Modelo que ha fagocitado las instituciones estatales de Chile, y que hace años se intenta replicar en Colombia.

 

Luna Acosta o la casa por dentro | por Matías Allende

Luna Acosta y Juana Guerrero. Hacernos invisibles para la frontera | Complejo fronterizo Pisiga Choque – Colchane (Bolivia-Chile) Apthapi. Encuentro de arte contemporáneo en la frontera. 2016. Imagen cortesía de la artista.

 

Todos llevamos la casa por dentro, grande y ligera. Todos somos mestizos, que con maletas pequeñas, cruzan de un lado a otro del continente bajando por el cordón andino hasta los yacimientos que, llenos de minerales ricos, prometen un Dorado que es solo para algunos. José Vasconcelos y Gabriela Mistral escribieron sobre esta raza mestiza, suma crítica lezamaniana, de dos mundos que vivían en tiempos diferentes, que chocaron y se reinventaron en un color nuevo. Hoy esos mundos significan todo un universo, donde la guerra y la paz está determinada por las acciones de la economía y los estados, los cuales al margen del discurso oficial, defienden un modelo que promueve los nacionalismos, en función al miedo de la invasión del territorio (y dicho sea de paso, este problema no ocurre sólo en América). La casa por dentro de Luna Acosta es una denuncia, la de no poder expresar la condición telúrica de nuestras sociedades en la tierra donde nacimos. La obra de esta artista es sobre los relegados, por la violencia, a un territorio inhóspito. Es sobre quienes llenos de promesas viven como la mayoría de la gente de este territorio: conscientes de una diáspora que pesa tanto, pero que siempre cargamos ligera.

 

Matias Allende Contador

Matias Allende Contador

(Santiago de Chile, 1990) es Licenciado en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile. Ha desarrollado investigaciones en torno a arte y cultura contemporánea en el Cono Sur. Actualmente es investigador permanente del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile (MAC), además trabajó como asistente curadurial en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (MNBA).
Matias Allende Contador