Desastre Recomienda: La Acontecida de Isidora Gilardi por Céline Fercovic

Comprendo, de nada sirve comprender, a nadie nunca le ha servido comprender (…). ( Pizarnik,A., Prosa completa, Lumen Buenos Aires, Argentina, 2014, P. 41)

A fines del mes pasado cerró la primera muestra del año en Balmaceda 1215. Isidora Gilardi (Chile, 1992) fue quien inauguró la sala con La Acontecida, su propuesta a impregnar de entendimientos posibles los sucesos más épicos y sutiles de la naturaleza.

Cuando al principio de La mujer desnuda Armonia Somers presenta a su personaje principal, Rebeca Linke, desencadena las tensiones más básicas contenidas en un hecho no cotidiano de la vida. Como en un cumpleaños, por ejemplo, un hecho excepcional que no modifica nada, pero al mismo tiempo nos enfrenta a preguntas por un inicio y un final, por la venida y la ida de algo, por una proyección, un freno y una convicción. Así llega, a veces, una certeza, el impacto decisivo de una idea que se ha insertado: “Había llegado quizás el momento preciso en que cada uno deba vivir su acontecimiento propio. (p. 15). Esa fue la certeza de Rebeca Linke y también fue la certidumbre desde donde Isidora Gilardi inicia la composición de su muestra.

La Acontecida fue un arrojo de imágenes metafóricas, literales y abstractas que requerían ser interpretadas por un visitante inquieto ante las extrañezas que se concatenaban: ¿qué es eso?, una foto, una escultura, una tela, una perla, un mechón de pelo, una mancha, un bicho, una cosa que no se sabe qué es, pero se asemeja a algo y recuerda a otra distinta. Antes de entrar a la sala sólo había un diagrama no explicativo de las obras presentadas, se apuntaba la ubicación, las características y la técnica de producción de los elementos. Una vez adentro el recorrido era aleatorio, dependía únicamente de la afinidad del visitante por alguna de las diez propuestas visuales que la exposición contenía.

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Diagrama: La Acontecida de Isidora Gilardi. Imagen de Isidora Gilardi.

 

Al frente, desde el acceso principal de la sala, había una gran tela que casi cubría el muro completo, era grisácea y de lejos se veían zonas oscurecidas, como sombras o como manchas. El diagrama solo informaba que se trataba de una lona expuesta durante seis meses a la intemperie, lo que hacía pensar entonces en que las marcas percibidas habían sido efecto de la interacción entre un ambiente envolvente y un material absorbente, por eso, se podía pensar luego, los tonos eran irregulares, no había ni una figura ni un fondo definido, y las sombras de las esquinas no eran efecto de la luz, sino que eran manchas curiosamente equilibradas. Lo que pasaba con esa lona era que testificaba algo sin decir qué, ¿qué le había pasado específicamente en esos seis meses?, ese relato testimonial, tan literal, no estaba presente en la tela ni tampoco estuvo presente en el resto de la sala, ésto, por el simple hecho de que lo anecdótico no era relevante de abordar.

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Lona expuesta medio año a la intemperie. Imagen de Isidora Gilardi

 

Para los objetivos de la muestra lo testimonial nunca sería suficiente para calar tan hondo, para ser preciso y justo a los distintos hecho capaces de afectar la vida. La muestra exhibió, en cambio, el peso de sucesos solemnes e incluso de hecho inmemorables que tienen el poder de adherirse en alguien o en algo logrando modificar su estado anterior. La marca que un acontecimiento deja es indisoluble. Justamente esa pregnancia y transferencia entre varios factores, esa especia de comunicación entre sucesos y objetos que deriva en materiales afectados por fenómenos semi naturales y semi artificiales, es el tema que guió el ensamblaje de la exposición: ser producto vivo del vínculo con un otro. La fulgurita, por ejemplo, dispuesta en otro muro de la sala, es una pieza pequeña, petrificada, de apariencia frágil, pero originada en el encuentro implacable de un rayo que cae en el desierto.

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Fulgurita. Imagen de Isidora Gilardi.

La Acontecida fue una minuciosa extensión de la obra presentada por Isidora Gilardi al Cuarto Concurso de Arte Jove organizado por la Corporación Cultural Balmaceda (BAJ) en 2016: un vaciado de yeso de la cavidad que queda cuando dos manos se entrelazadas acoplando sus formas o, para Isidora, cuando “dos manos se entrelaza en un gesto amoroso”. Esta escultura le permitió ser seleccionada para exponer individualmente en la sede metropolitana de la Corporación Balmaceda Arte Joven. Sin un pie forzado Isidora dio continuidad al dialogo de esas dos manos, como si contenidos dentro de ese pequeño hueco afectivo estuvieran orbitando las imágenes y objetos de la muestra.

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Vaciado de yeso del hueco entre dos manos entrelazadas en gesto amoroso. Imagen de Isidora Gilardi

La tela, la fulgurita, las “dos manos entrelazadas en gesto amoroso”, las fotografías sin referentes dispuestas cada una en distintas murallas, la cabeza de Hypnos, la personificación griega del sueño, colgando de una cuerda, la perla; esa preciada esfera de nacar que se forma por la introducción de un cuerpo nuevo dentro de una ostra, cercada por una opalita circular, y los fragmentos de Shakespeare y de Somers escritos en relieve sobre la pared fueron, en conjunto, una suma de hechos sin relato, una red de recuerdos difusos que quedan y decantan y en su exposición son maleables a la imaginación de quien los observa.

“La mujer vio con pavor eso tan brutalmente solitario y definitivo que estaba ocurriéndole a ella misma por el acontecer del otro.” (A. Somers, 117) Se sintetizaba en uno de los muros de la sala.

Las experiencias emocionales fueron para Silvia Plath los temas que la llevan necesariamente a escribir poesía, pero no por la importancia de dejar testimonio de sus afecciones personales, sino por la capacidad creativa de manipular o dar una forma transferible a sus sentimientos informes. Eso constituiría, para sí misma, la relevancia de su escritura; la forma, justa, capaz de traducir la intimidad del contenido. Isidora Gilardi reunió mitos, fragmentos literarios, materiales orgánicos, fotografías y esculturas habitadas por minúsculos insectos disecados porque solo de esa manera pudo cristalizar su propio acontecimiento, y a la vez volverlo reflexivo, flexible y extensible a esos procesos extrañamente transformadores de la naturaleza. Todo en la muestra parecía un gran detalle, pero, de cerca, nada era complementario, cada elemento fue imprescindibles para componer una afección exacta.

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La Acontecida. Imagen de Isidora Gilardi

La acontecida no tuvo un relato, ni un recorrido fijo, ni menos instrucciones previas. No quiso ser pedagógica, ni impositiva. Al margen de la sátira y lo programático, la obra de Isidora se resiste a lo determinista, clasificatorio, gráfico, publicitario, frío o insensible del espacio comercial y prefiere mantenerse aleada a cuestiones perceptuales, que sin uso de efectismos, trabaja organizando espacios austeros y evanescentes, pero completos de referencias visuales. Estas referencias se anclan a las aflicciones de un contexto en particular (Órgano peregrino en EAC, Montevideo, Uruguay y Las cosas segregadas en Museo de la Memoria y Los Derechos Humanos) o, como sucedió en Balmaceda, a la traducción de una experiencia introspectiva que elude al paso del tiempo, las posibilidades de comunicación, la proximidad profesada hacia los objetos y la transformaciones que transgreden lo cotidiano.

Céline Fercovic

Céline Fercovic

(Santiago, 1992) Estudié Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile. He estado trabajando en una investigación sobre arquitectura en espiral chilena junto a Proyecto Helicoide. Ahora escribo sobre artes, afectos y desperdicios para Art&Crap, un grupo de artistas.
Céline Fercovic