“Missing time” por Gabriel Zanetti

Luces que vuelan en el cielo Camila Pino Gabriel Zanetti

Fotografía: Camila Pino

A finales de los 90, Patricio Bañados y la productora Nueva Imagen, consiguieron instalar en Chile el tema extraterrestre con su programa Ovni¸ transmitido en horario estelar en nuestro canal nacional. Yo no me lo perdía, a pesar de que me atemorizaba y me hacía soñar cosas raras –avistamientos, paseos en naves, etcétera–. Desde el primer capítulo fue un éxito inmediato. Lo noté al día siguiente en el colegio: todos lo comentábamos envueltos en un aire mezcla de asombro e incredulidad.

Antes de que este programa estuviera al aire, el único relato que había escuchado vino de la boca de mi papá. Estaba en Loica –localidad cercana al Lago Rapel– regresaba de comprar provisiones con mi abuelo para la mina que explotaban (sin éxito, asunto de otra crónica), mi viejo al volante de la camioneta Chevrolet C 10, mi tata Alfredo de copiloto y tres trabajadores en el pick up. El relato coincide con la generalidad: apareció una luz, el vehículo se detuvo, esa luz se transformó en varias, se acercaron al punto de enceguecerlos. El miedo los paralizó. Los trabajadores saltaron del vehículo, salieron corriendo y se guarecieron entre los matorrales. Al cabo de unos minutos –de los que, siguiendo la literatura sobre el tema, nunca se sabe si fueron solo minutos– las luces se alejaron hacia el espacio exterior a una velocidad sobrenatural.

De ahí en adelante hubo una avalancha U.F.O. Además de todas las películas y series ochenteras y noventeras aparecieron documentales varios del cable, videos de la revista Conozca más donde se incluía el Caso Roswell y su autopsia a un extraterrestre. Incluso había un álbum llamado Invasión Alien de la desaparecida empresa Salo, auspiciado por la también extinta CTC. Patricio Bañados y su programa, probablemente producto de una confiabilidad y seriedad ganada por décadas de televisión, y la calidad del programa logrado por la productora, de alguna manera permitió que esto dejara de ser tabú, o al menos una estupidez new age de tomo a lomo.

Nosotros andábamos dibujando caras de extraterrestres en todos lados. La gente contaba sus eventuales abducciones en la sobremesa. Un primo sin ir más lejos, asegura haber visto unos seres cargando y descargando una nave en Punta de Lobos. Semana a semana había una nueva historia circulando. Desde Claudio Pastén, que era contratista, pasando por campesinos de Buin, millonarios latifundistas que sufrieron robo de animales por parte de tripulantes de naves intergalácticas, a figuras de televisión como Tito Fernández y Marcelo de Cachureos, habían tenido un encuentro del segundo o tercer tipo. Un fenómeno transversal.

De un día para otro el fenómeno se detuvo o se olvidó como ocurre como con casi todo. Al parecer no fue un asunto de raiting, simplemente dejó de emitirse por razones que desconozco. Atrás quedó Pastén hablando en “lenguas” al ser abducido en el cerro El Morado, cerca del Cajón del Maipo, la conductora de noticias de Coyhaique y su experiencia con una nave piramidal y missing time, los pilotos de rally que flotaron sobre Río Gallegos, el cabo Valdés en Putre, que como se sabe, despareció quince minutos y regresó con el reloj adelantado cinco días y con barba.

Seamos escépticos o no, es innegable la instalación de esto en la cultura. En Chile hubo un tiempo muerto que a finales del segundo milenio fue tomado por Juan Andrés Salfate como una especie de cronista y experto mostrando diversos registros, también en televisión abierta, pero en un horario destemplado. La duda respecto a los relatos siempre tiene que ver con el registro; la veracidad de la historia se cuestiona y se sospecha un montaje por parte del equipo de producción, o quienes filmaron el video, para recoger ganancias o vivir un momento de fama.

Es curioso, pero todo esto tiene una relación con la literatura.

En mi vida como lector, me he sumergido en ficciones notables. Tal vez es un asunto personal, una especie de escepticismo literario, pero cada día me cuesta más encontrar textos de ficción que me satisfagan. Mis argumentos son casi los mismos de quienes son escépticos frente al fenómeno OVNI: duda frente al relato, un montaje evidente, demasiado missing time, exceso de fantasía. Es inevitable pensar en la aparición de la virgen en Villa Alemana –montaje de la dictadura de Pinochet–, a quien Enrique Lihn le dedicó un libro notable. O en el cometa Halley, del que se dice que fue un acto distractivo de la Junta Militar. Gran parte de las ficciones que me ha tocado leer en los últimos cinco años también son OVNIS, luces de dudosa procedencia sobre el cielo, un avistamiento para el asombro o, lo que es peor, para la sola distracción. Algo parecido a una estafa disfrazada con un mundo sobrenatural o inverosímil, que supuestamente vendría a explicar el mundo y que supone un momento de fama para el autor.

Gabriel Zanetti

Gabriel Zanetti

Santiago, 1983. Ha publicado Cordón Umbilical (Spleen Ediciones + ML Ediciones 2008, Malaletra Editores, 2009) y Prohibiciones y títulos (Lecturas Ediciones, 2015). Es productor literario en Ediciones UDP.
Gabriel Zanetti

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