Visitas al Taller | Joaquín Cociña y Cristóbal León: El taller en exhibición | por Santiago Miranda y Sergio Soto

Joaquín Cociña y Cristobal León. Foto: Santiago Miranda

En Chile el diálogo entre espectadores y artistas suele ser escaso y por lo general de aires solemnes. Más aún, la posibilidad de que un espectador no especializado en artes visuales o fuera de su circuito sea invitado a entrar a los talleres de artistas, es prácticamente nula. En los talleres se conocen los procesos y formas de producción detrás de la obra. La ausencia de esta relación genera una distancia intimidante para muchos espectadores.

“Para nosotros, en cierto punto, el taller comenzó a ser más interesante que nuestros trabajos ya acabados. Es algo que pasa cuando uno va a visitar, por ejemplo, talleres de pintores. Muchas veces las pinturas son mejores en estado intermedio”, nos cuenta Joaquín Cociña, agachado en el pequeño taller que se han armado en la Galería Metales Pesados, al mismo tiempo que, con Cristóbal León, pintan el cuerpo de una figura armada en cinta de enmascarar que se recuesta en la pequeña cama de un niño.

Comenzaron a trabajar juntos el 2007 y, desde el 2013, se encuentran en el proceso de grabación del largometraje en stop motion La Casa Lobo. Este trabajo se desarrolla en la valoración de dos momentos: la exposición de obras y objetos que nacen de este proceso de grabación; así como en el proceso mismo de ejecución y el acto de trasladar el taller al espacio expositivo. Juntos trabajan una estética que entremezcla lo mítico y lo autobiográfico: cuentos infantiles y folklore popular, con personajes y líneas narrativas distópicas o post-traumáticas de la dictadura militar en Chile.

La figura de “taller abierto” que establecen estos artistas pone en crisis el estilo personal y la categoría de autor. No solo hay influencias discursivas externas o de los materiales próximos, sino también composiciones que quedan a la voluntad de quien entra al taller. Es así como el aspecto de sus obras se nutre por la estética del desecho, de los materiales que sobran o de intervenciones deslocalizadas y sin nombre.

Esta peculiar forma en que Joaquín y Cristóbal enfrentan el espacio, nos llevó a encontrarlos —esta vez— en la galería Metales Pesados Visual, donde actualmente trabajan y exponen.

La vista a la calle Merced desde el taller armado dentro de Galería Metales Pesados. Fotografía: Santiago Miranda

 

Nos causa curiosidad el traslado del taller a la galería, cómo finalmente se relaciona el espectador con ustedes, ya que de esta forma se produce un diálogo más “relajado” con el artista…

Joaquín: Sí, depende mucho del lugar. Nos ha pasado que hay lugares donde 一por disposición一 las personas pensaban que la obra no estaba terminada, porque las obras se veían poco terminadas. Casi había que salir y explicarles “esto es la exposición, entren”.

Cristóbal: De hecho pasa aquí todo el tiempo, la gente entra y nos preguntan si estamos montando aún.

J: Sí, claro, pero en el MAC Quinta Normal era ridículo, se iban.

C: Algo que para mí ha sido una gran enseñanza dentro de este proceso ha sido descubrir la escala real de las artes visuales, o la escala real de una galería. Cuando uno hace una obra, en una exposición “convencional”, uno la hace para un público abstracto, una especie de monstruo. O sea, hay una especie de solemnidad media ridícula en la abstracción del público. Pero por otro lado, al estar acá todo el día, veo quiénes son los que entran, cuántos entran, cómo se refieren a la obra, o qué les interesa de ella.

J: En “artes visuales” cuando alguien dice: “Mi trabajo pone en crisis la noción de economía en la cultura… bla bla”, uno se pregunta, “¿dónde?” “¿con quién?”. Son preguntas muy críticas.Si tú le dices a Madonna, “¿en qué medida tu redefiniste en la cultura popular el rol de la mujer?”, bueno, ella no nos va a responder eso, pero alguien podría decir: “mira, en tal años pasó esto y las mujeres se empezaron a vestir de tal manera…”. Pero en las artes visuales esa escala es enana. El trabajo de un artista underground o normal, cuando dice “Yo pongo en crisis el modelo económico en las artistas visuales” se refiere a dos personas.

C: En Chile entra muy poca gente a museos o galerías, es una de las cosas que hemos podido comprobar estando en el MAC. Acá en Metales Pesados entra mucha gente para ser una galería, entra más gente que la cresta.

Joaquín Cociña y Cristobal León trabajando en el largometraje La Casa Lobo en Galería Metales Pesados. Fotografía: Santiago Miranda

¿Las conversaciones que ustedes escuchan dentro de la galería, van determinando la obra?

C: Creo que la van determinando, de hecho, de una manera más radical aún, porque no son solo conversaciones. Por ejemplo, hay gente que llega y dice: “quiero ser asistente en la animación”, y se quedan trabajando con nosotros un mes. La película en proceso no es la única obra, la obra también se completa con esa gente y con la interacción de ellos, y cómo nosotros diseñamos la obra para que interactúe de determinadas formas con la gente. Entonces sí, definitivamente esas conversaciones o interacciones van determinando la obra, van cambiando en las futuras exposiciones.

J: Más radicalmente, son dos obras distintas. De hecho, la obra más importante, más que la película, ha sido el acto, la acción detrás de trasladarse a trabajar a los lugares. Eso es más importante como obra en este momento que la película. Cuando salga la película, ahí va a ser distinto, pero no es que la obra cambie producto de la interacción con las personas, sino que esa interacción es la obra en estos momentos. En ese sentido, a pesar de que nosotros no nos consideramos performers, igual es una especie de performance

¿Cómo reaccionan las instituciones frente a la apropiación del espacio de exhibición?

C: Yo creo que al comienzo con timidez y después rápidamente entienden. Al principio te dicen “pero esto no está terminado” o “¿esta construcción va a quedar así?”.

Christian Vinck y Sergio Parra se asoman por la ventana del taller armado en Galería Metales Pesados para conversar con Joaquín Cociña y Cristobal León. Fotografía: Santiago Miranda

¿Notan alguna diferencia entre el público de estos espacios de exhibición?

C: En el Bellas Artes entran muchos niños de colegio y acá en Metales Pesados entran más artistas.

J: Y vendedores de escobas.

C: El otro día entró un huevón vendiendo marihuana.

J: En general entre más públicos los lugares, más personas “especiales” o raras circulan.

Joaquín Cociña en el taller armado en Galería Metales Pesados. Fotografía: Santiago Miranda

Y de estos visitantes que entran, ¿Hay alguien que los haya ayudado y que recuerden especialmente?

C: Yo me acuerdo de Rino Rojas, que fue el primer ayudante que tuvimos en estos lugares. Rino se quedó más de un mes trabajando como asistente, él quería aprender de animación, Eso fue en el MNBA, que creo que es donde entra el público menos especializado. Y eso lo hace muy entretenido, menos artistas y más público random, vecinos, o gente de paseo de domingo. Recuerdo una señora que llegó y le gustó una lámpara del set y nos dijo “regálenme la lámpara” y yo le dije: no te la puedo regalar, pero te la cambio por una lámpara de tu casa. Y fue y compró una lámpara de luca, y nuestra directora de arte se enojó. La señora después nos empezó a contar que pintaba y trajo sus cuadros. Los colgamos afuera de la instalación y así expusó en el MNBA

J: Nuestro taller se ha ido volviendo cada vez más abierto. Esta muestra también, hay pinturas hechas con una amiga venezolana que es ilustradora, con Iván Palmarola que es un amigo pintor. Nuestro taller en Balmaceda, a pesar de que es un taller privado, está en una institución súper abierta, siempre circula gente y nosotros invitamos gente al taller. Tenemos una regla en el taller de Balmaceda, y acá también pero de manera distinta: todo lo que entra en nuestro taller puede ser intervenido por los dos, y cualquier persona que entre puede colaborar. Bueno, si nosotros queremos, porque hay personas medio bestias, pero todos pueden colaborar y formar parte del trabajo

C: Hay dos ideas que tienen que ver con eso, tratamos de definir metodologías más que estéticas o estilos. De hecho tenemos ahí nuestro decálogo, hay mucha improvisación en la película y creamos un decálogo para no perdernos completamente en el camino. y con todos los trabajos hacemos más o menos eso, y dentro de esa metodología pueden aparecer otras manos. De hecho ya estamos trabajando a cuatro manos. Hay estilos y técnicas distintas y entonces también tratamos de que eso se expanda a más gente. Otra cosa que nos interesó desde un principio es escapar de la idea de lo bien y lo mal hecho. Como por ejemplo evaluar si un dibujo está bien proporcionado, bien dibujado. Entonces tratamos de buscar metodologías donde esos distintos tipos de estéticas, estilos, o capacidades técnicas convivan.

Parte del taller de Joaquín Cociña y Cristobal León para La Casa Lobo dentro de la exposición Un Mundo Mágico en Galería Metales Pesados. Fotografía: Santiago Miranda

J: Una idea que hemos tenido varias veces, y que no hemos hecho porque la película ha consumido todo nuestro tiempo, es tener un taller que sea una especie de casa abierta, realmente grande, con harto espacio para trabajar, con otros artistas en residencia, lugares de exhibición. Nada muy pretencioso, donde también podamos tener una especie de instalación permanente que vaya cambiando. Eso tiene que ver con esta misma línea de trabajo, que es esta idea de abrir los procesos a elementos a personas que no necesariamente comparten tu gusto o tu manera de trabajar. Y también con crear las condiciones. Hay una cosa que tiene que ver con el taller y los lugares de exhibición. Creo que es muy importante recordar que estamos en Chile y no en Alemania. Los centros culturales no funcionan como en Alemania, los museos no tienen los presupuestos de Alemania. Eso nos da la oportunidad de crear nuestras propias condiciones de trabajo.

C: Eso tiene que ver con algo económico. Los museos no te proporcionan mucho en Chile. No te dan recursos para trabajar. Ningún museo te paga honorarios.

La cuestión tiene que ver con que justamente podríamos prescindir de esos espacios y tener nuestra propia autonomía y nosotros definir el funcionamiento de esta especie de centro cultural o como queramos llamarlo.

Decálogo para La Casa Lobo. Fotografía: Santiago Miranda

¿Cómo sería este espacio de taller/casa cultural?

C: Sería un lugar que combine taller, lugar de exhibición, cine y escuela. Como un lugar para hacer talleres. Para mí, si tuviera un lugar donde pudiera hacer esas cuatro cosas… en Balmaceda tenemos casi eso yo creo.

J:Pero en menor escala.

Cristobal Leon y Joaquín Cociña. Fotografía: Santiago Miranda

En ese sentido sería un lugar estable ¿Qué cosas cambiarían del hecho de tener que trasladarse? Porque cada set cambia, cada espacio es distinto y determina las obras.

J: Por ejemplo, esta misma cama, que a Sergio Parra le encanta pero que nadie compraría. Por el tamaño y por nuestras condiciones de taller, en general botamos cosas. Terminan en el basurero. Entonces una cosa que cambiaría un montón es que nos permitiría hacer una especie de instalación permanente en la cual nada se bote, todo se reconstruya, se reutilice. Que es como un ideal de trabajo, yo encuentro, donde la acumulación y el problema de “no venta” se hace algo virtuoso. Eso cambiaría. Tener más espacio y poder invitar a más personas a ver la sala o a comer algo, o a ver una película.

Alguien decía que todo artista quiere tener un taller porque es como la tercera piel. Un agujero donde te puedes meter a trabajar. Encuentro un poco frustrante tener que siempre limpiar y vaciar ese lugar. Si estuviéramos en un lugar donde pudiéramos hacer que la suciedad, el caos, fuera el arte del asunto en una exposición, no cambiándose, sería una situación ideal de trabajo. Como jugar con legos y no tener que desarmarlos. Es parecido a eso.

El taller de Joaquín Cociña y Cristobal León en Galería Metales Pesados. Fotografía: Santiago Miranda

Y para las animaciones de Lucía, Luis y el Lobo donde destruyen las habitaciones y animan con tierra y carbón ¿Los sets eran espacios abandonados?

C: Uno está hecho en el taller de Joaquín, el otro en mi taller-pieza, donde yo vivía, un departamento. En el caso del primero —Lucía— era en el taller de Joaquín, no fue tanto. Pero el segundo —Luis— que era en mi pieza también, o sea, era como una especie de lugar compartido, tuve que irme a vivir a otro lado.

J: No fue tanto, pero todavía los vecinos lo recuerdan.

C: Había que meter mucha tierra, mucho carbón y era asqueroso. El aire en ese lugar era horrible. Cuando trabajas con esa cantidad de carbón, durante meses quedas con una capa negra…

¿Y todos estos materiales luego dónde van?

J: Estos ya los ocupamos una vez en una muestra en Balmaceda. En general reciclamos todo lo que podemos.

C: Estas cosas quedan en nuestras bodegas, bueno, en nuestros talleres. Yo tengo una bodega en mi departamento. Las usamos de exposición en exposición. Y estos materiales tratamos de convertirlos en esculturas y a veces los vendemos.

J: La figura del niño que está en exhibición ahora, la estábamos ocupando para animar, y la sacamos. El chancho también.

C: Los tratamos de vender.

J: Hemos vendido dos o tres.

¿Y los que están abajo? Había un Jaime Guzmán fauno.

J: Ese también es de un video. Hay amenazas de compra. A mí me gusta. Se vino de Holanda de hecho, en la maleta. Nunca me han parado en el aeropuerto. Siempre he tenido la fantasía oscura de que me van a detener y van a ver que tengo cabezas y cuerpos desmembrados y me van a pedir explicaciones, pero nunca me ha pasado. Sería bacán….

 

El taller de Joaquín Cociña y Cristobal León en Galería Metales Pesados. Fotografía: Santiago Miranda

 

 Un Mundo Mágico por Cristobal León & Joaquín Cociña en Galería Metales Pesados Visual del 11 de Abril hasta el 10 de junio del 2017