DESASTRE RECOMIENDA | Trepanando “Zamba Puta” por Matías Allende

 

El “Zamba Puta” de La Lá, alias de Giovanna Nuñez, es un disco lleno de matices, de voces, de idiomas, para los que nos gusta la música de la región –quiero decir nuestra América Latina– lo monótono repele porque al salir a la calle escuchas dialectos, expresiones, modulaciones que generan una cadencia musical urbana. Abstraerse y valorarlo parece una misión ardua pero no imposible. Ya lo decía la cineasta argentina Lucrecia Martel, hay tantas formas de hablar el castellano latinoamericano que no hay manera de concentrarlo en un diccionario, no hay una senda que concatena todos los sonidos y melodías que salen de las voces latinas, las expresiones, los gestos y modos de nosotras y nosotros. “Zamba Puta” es un disco de características así de ricas que configura un ambiente como el que puede vivir un sujeto caminando por las calles, es decir, artes musicales que no sólo se configuran desde lo sonoro, sino desde lo sensitivo en general. En español, inglés y portugués La Lá propone un disco reivindicativo de las pasiones más íntimas, como con el beat jazzero de Bebés que abre la obra. Pasiones íntimas que reflejan anhelos profundos de una parte de la sociedad particular, importante, es –a diferencia de “Rosa” su disco anterior– una propuesta más política, no por su denuncia, sino por su retórica, su lírica y su literalidad en abordar temas sociales particularmente ligados con las mujeres y su realidad en nuestra región hoy.

El seudónimo La Lá, es una reiteración que remite al vacío, a un vacío en el artículo femenino que declara con contundencia en nuestro castellano la femineidad de una persona o un objeto. “La” es la determinación con que se categoriza fácilmente a un sujeto femenino, “la esta” y “la otra”, esta reiteración cacofónica –casi con pretensión musical–, significa una idea vacía donde la nada es todo, lleno de emociones e ideas que en su abstracción son nada, un lugar donde las categorías son vacuas. La pregunta es cómo llenarlas, La Lá propone acordes dulces, pero no por ello deslavados.

“Zamba” por lo de mestiza en esas jerarquías señeras y retrógradas de determinar a las personas por su color de piel. La zamba es negra con indígena, dos razas subordinadas a la blanca que en su mixtura produce un sujeto doblemente paria, que en una tradición obsolescente representa en general (no en nuestra particularidad) un improperio como “puta” para las mujeres. “Zamba y puta” es decirle a un hombre que te “rotea” (chilenismo que refiere al que degrada por clase social): rotéame más porque yo sé el lugar que cargo, que piensas que cargo y no me importa, lo llevó sin dudar en mis luchas. Con esa máxima empieza este conjunto de temas que recorren un universo de reivindicaciones abordadas con flautas, bronces, guitarras, cajones y la voz de La Lá.

Es así como si el primer disco, “Rosa”, fue pura espontaneidad donde apelaba a temas relativos al amor y el desamor, en “Zamba puta”, se volcó emotivamente a temáticas generales. Que para realizarlas las trabajó y volvió sobre ellas, manoseadas las llama la autora, lo que significa que tienen más cuidado. Es un disco que presenta una solidez mayor que el disco anterior (lo que no quita exquisitez a “Rosa”), lo anterior no por su transversalidad sino por lo finísimo de los compases y los acompañamientos musicales que trae para resaltar su voz, y por el recorrido sonoro propuesto en los casi 30 minutos del disco.

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La Lá. Cortesía de la artista

 

A La Lá se le ha ligado con la tradición de la música peruana, en especial por la canción La Felicidad, que cierra el “Zamba puta”, tal vez por la clara raíz criolla que ocupa en esta composición que emerge con una guitarra acompañada por un fuerte cajón. Cercano, aunque a la autora le dé un poco de vergüenza, a esos valses que nos acostumbró Chabuca Granda, quien es una de las más claras exponentes de un grupo de mujeres de la segunda mitad de nuestro siglo recién pasado que rescataban la música de nuestras raíces mestizas, desde Lola Beltrán y Chabela Vargas en México, pasando por Mercedes Sosa en Argentina, Victoria Santa Cruz en su Perú o en Chile Violeta Parra y Margot Loyola, toda una generación que dio un cuerpo emotivo a las singularidades de ser mujer en un siglo donde se reafirma la independencia de la nación pero no así la noción de femineidad en la sociedad latinoamericana. Sin embargo, La Lá propone una femeneidad más compleja, más grande, que refiere a un grupo que se diversifica y que en su universalidad es más rico y real como en Linda Bler, referido a melodías heredadas que versan de las mismas opresiones que en un momento son así, poesía, pero se llevan a práctica hoy, activa.

Finalmente, si en Bebés –que como ya mencionaba abre el disco– es casi los estertores del “Rosa”, porque aunque es una canción totalmente diferente en sonoridad sigue apelando a un amor (romántico o filial), llamando a eso que deseamos con nostalgia radical de aquellos cariños malos que producen ansiedad de compañía. “Caramelo”, canción que sigue, cambia el registro por una sensualidad – dada especialmente por la flauta traversa y el güiro– que propone una nueva postura total al ambiente protagonizado por esta muchacha que no es La Lá, pero es alguien, definitivamente es alguien que se configura en el vacío de categorías que propone la artista. Hacia el final, esa canción “heredada” de las criollas y mestizas, “La Felicidad”, es la declaración de una conversa, que ama, desea, anhela al mismo cariño desaparecido pero ahora cierra con una esperanza de enteramiento. Es así como todas esas cosas que nos enojan, ya no desde el desamor, o sí, pero sobre todo el desamor colectivo, las injusticias y los menosprecios, se asumen, pero ahora se asumen dejando entrar, llenando fuerte.

Matias Allende Contador

Matias Allende Contador

(Santiago de Chile, 1990) es Licenciado en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile. Ha desarrollado investigaciones en torno a arte y cultura contemporánea en el Cono Sur. Actualmente es investigador permanente del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile (MAC), además trabajó como asistente curadurial en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires (MNBA).
Matias Allende Contador