Presentación “Dicen de mí” de Gabriela Wiener | “Nunca aprendí tanto de mí misma como leyendo lo que otros piensan sobre Gabriela Wiener” por Arelis Uribe

 

“Dicen de mí”. Gabriela Winer. Editorial Estruendomudo. 2017.

 

| Texto leído el 2 de agosto del 2017, en la presentación simultánea de los dos nuevos títulos de la editorial Estruendomudo Chile: “La balada de Rocky Rontal” de Daniel Alarcón, presentado por Diego Zuñiga y “Dicen de mí” de Gabriela Wiener presentado por Arelis Uribe |

La primera vez que leí a Gabriela Wiener fue en un taller de crónica, con Juan Pablo Meneses, en el año 2014. Leímos esa historia en la que Gabriela va a una especie de retiro espiritual para encontrarse con su muerte. Me acuerdo que me gustó su voz y la honestidad descarnada con la que narraba. Me dieron ganas de escribir leyéndola y también me dieron ganas de leerla más.

A fines de 2016, en la Furia del Libro vi Llamada perdida y me lo compré pensando: por fin encontré un libro de ella. Lo subrayé entero. Recuerdo que en la introducción ya me sentí reconfortada. Todavía me complico al escribir en primera persona, pero ella no y lo explicaba así: “nunca he podido opinar desde un lugar discreto”. Yo me juzgo por exponerme, ella se acepta y hace de eso su marca. Me gustó tanto Llamada perdida, que escribí una reseña llena de frases tipo “todo el mundo debe leer a Gabriela Wiener” o “Gabriela Wiener es mi nueva heroína latina” o “su voz es tan limpia, tan inteligente, y además arma unas estructuras tan perfectas para decir verdades tan lúcidas”. Hace unos días terminé su nuevo libro, Dicen de mí, y sigo pensando lo mismo.

A principios de 2017 participé en un café literario del Liceo 7. En un stand vendían Llamada perdida y compré dos copias para regalo. No me aguanté lo fan y le comenté a la chica que atendía que el libro me había gustado muchísimo. Un par de semanas después recibí un mail. Era la chica del stand. En ese correo me enteré de su nombre y su rol: Lorena Fuentes, editora en Estruendomudo. También me invitó a presentar el nuevo libro de Gabriela Wiener. Así llegué a Dicen de mí.

Lo primero que pensé de este libro fue: qué idea tan la raja. Don Draper en Madmen dice que el truco de las buenas ideas es que son tan simples que parecen obvias, que parece que a cualquiera se le pudo ocurrir. Su poder radica en que en la síntesis esconden su complejidad. En este libro Gabriela Wiener entrevista sobre ella a las personas que más ha querido. ¿Quién no ha soñado con preguntarle eso difícil o incómodo a una persona que nos quema el corazón? Hay que tener coraje para preguntar y también para aceptar la respuesta.

Gabriela entrevista a su marido, a su hermana, a su mamá, a su papá, a su hija, a su terapeuta, a su mejor amiga de la infancia, a su vecino, a la madre de su hijo, a su editor, al amor que le hizo más daño. Y es casi obvio encontrarse ahí, porque todas las personas nos hemos enamorado, hemos aspirado a que nuestros padres nos admiren, hemos competido con nuestros pares, hemos poseído a una persona sólo para sentirnos menos solas.

Hubo párrafos que se clavaron en mí como espejos. Dice en la entrevista a su terapeuta:

Había un tema con el color de tu piel que te atormentaba. Te acosaba la sensación de no existir y por eso te fusionabas con otros para ser como ellos. Hablamos de tu supuesta omnipotencia como una manera de defenderte de lo poquita cosa que te sentías. También de cómo ser tan competitiva te impedía disfrutar y te ibas a los extremos: o eres lo máximo o eres una porquería (…) En suma, hay una parte tuya que no se conecta con nada.

Yo también padecí el absurdo de odiar mi piel chola en una Latinoamérica morena. Alguna vez me sentí tan poquita cosa que me sorprendía a mí misma de mis logros y me sentía tan desbordada de felicidad por cualquier hito que pareciera un éxito, que lo gritaba al mundo para que otros vieran que yo también podía existir. Alguna vez pensé que la belleza del resto opacaba la mía. Alguna vez calculé la edad en la que mis ídolos lograron sus sueños y me martiricé pensando que yo era más vieja y aún no había logrado nada. Me encontré en las inseguridades de Gabriela y me sirvió para mirarme y estar en paz porque ya no estoy allí.

Pero hay otros momentos del libro que me recuerdan angustias del presente. Como cuando su editor habla de cómo Gabriela difumina las fronteras entre el periodismo y la autobiografía. Ya lo dije, todavía no tengo resuelto esto de escribir en primera persona, pero leyendo a Gabriela Wiener y a Joan Didion —que desdibujan los formatos— he pensado con optimismo que en los desbordes es donde surgen los monstruos.

Otro momento de angustia fue cuando leí el análisis de su papá sobre la izquierda latinoamericana. Dice Raúl Wiener:

La película que yo suelo evocar es La guerra ha terminado, de Alain Resnais, de la década de los sesenta, que nos transmite el vacío de la causa perdida, lo infructuoso de las resistencias largas.

Me dolió esa frase: lo infructuoso de las resistencias largas, porque yo intento resistir y la verdad es que se me ha hecho largo.

O cuando Gabriela le pregunta a Raúl, “¿cómo fue ese momento en que te diste cuenta de que ya no ibas a poder hacer la revolución?” y él responde: “Yo nunca iba a hacer una revolución solo. En algún momento me descubrí improductivo en lo que hacía: interminables reuniones, debates, rupturas sobre quién tiene la razón, movilizaciones, charlas (…) Mi balance es que a la izquierda le faltó siempre vocación de poder”. Qué tremendo es reconocer en los errores de Perú las mezquindades por las que se estanca la izquierda chilena.

O el extracto completo en que Gabriela se pregunta a sí misma por qué toleró confundir el amor con el daño, el cariño con el control, la admiración por otro con la anulación propia. Y en uno de los párrafos más honestos de todo el libro, es ella la que habla, no otro, no un entrevistado, y escribe:

Algunos no quieren saber cómo escribimos, quieren escribirnos (…) Cuando amamos nos dejamos arrancar algunas páginas. En ocasiones nuestro cuaderno queda muy delgadito y frágil. El papel se rompe. Nos arrancan nuestras hojas más oscuras o las más luminosas, pero nosotras también ayudamos. Admito que me arranqué muchas hojas porque pensé que si me mutilaba podía ser merecedora de su amor.

Y es tremendo, porque ninguna de nosotras, ni por declararnos feministas, estamos a salvo de caer allí. Nadie está a salvo de las relaciones de poder en un mundo patriarcal.

Es loco, Gabriela escribió todo esto tan lejos, pero se siente tan cercano. Nunca aprendí tanto de mí misma como leyendo lo que otros piensan sobre Gabriela Wiener. Supongo que eso ocurre porque la literatura o el arte es un fractal. Es como cuando miramos la hoja de un árbol en un microscopio y al observar sus patrones nos damos cuenta de que tienen la misma forma que las raíces o las ramas. Entre más se busca Gabriela a sí misma más logra relatar la vida del resto. Esa dicotomía entre el particular y el general es lo que convierte al arte y a Dicen de mí en un refugio tan lleno de belleza, en una compañía, en la ilusión de que no estamos solos.

 

Arelis Uribe

Arelis Uribe

Arelis Uribe es Periodista de la Usach. Ha sido finalista del concurso de cuentosde la revista Paula y del Premio Periodismo de Excelencia de la UAH. En 2016 ganó el primer lugar de la XV versión de Santiago en 100 palabras, con el cuento “Lionel”. Escribe en The Clinic y Noesnalaferia y es Directora de Comunicaciones del Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile. Es autora de los libros "Quiltras" y "Que explote todo" (editorial Los libros de la mujer rota)
Arelis Uribe