“Despuntes” por Pablo D. Sheng | Ilustración Cuantasconstanzas

 

"Despuntes" por Pablo D. Sheng | Ilustración Cuantasconstanzas

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De puro cansado, a veces, me siento en el parque y me echo a dormir. Pienso eso cuando atravieso el Forestal y miro el Mapocho extendido, como una línea, un trazo largo. Voy al centro. Compré algunas cosas: los recortes de dulces árabes o, como le gusta decirle a la Sofía, despuntes. Pero no son más que restos de cereglis, de pelotas de hojaldre cubiertas con azúcar derretida. La cajita de recortes cuesta mil pesos y es el postre más barato que podría llevar ahora, cuando necesito comer algo, despabilar. Tengo que hacer un trámite en la Isapre. Sé que por lo menos, ahí, voy a estar una hora.

 

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Un cubo de basura siempre es una caja de sorpresas.

 

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Dejo de escribir porque en la tele de Banmédica pasan una biografía de Björk. Aún quedan veintitrés números para que me atiendan. Una línea vertical en orden P7 C49 A114 D54. Tengo el A137. Llevo sentado media hora. Hay una niña al lado mío que mira cómo apunto cosas en la libreta. Me acuerdo de esa vez que con Roberto viajamos a Los Vilos y cerca nuestro iba sentado un hombre que en tres horas solo escribía y leía su libreta. La niña mira como nosotros mirábamos al hombre. Curiosos, tratando de adivinar algo en su escritura.

 

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Nadie se resiste a mirar el vidrio trizado de una pecera. Nadie soporta observar el vidrio roto de una pecera. Un animal no siente nada frente a una pantalla.

 

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Una hora en Banmédica. Hambre. Estoy a dos cuadras del Portal Fernández Concha. Un italiano y un completo. Sprite. Como rápido. Miro el chiste de la pizarra detrás de la cajera. Cuidado hígado es SEDtiembre. No me hace gracia. El maestro fríe carne en la plancha. Dos churrascos italias. Solo una vez comí un churrasco acá. Chacarero. Sofía pidió dos completos. Le decía que el chacarero es el mejor sándwich. El ají oro. Termino de comer. Antes de irme miro los panes frica arrumbados. Calculo cuánta plata queda. Mil quinientos. Salgo y con esa plata compro una cajetilla de diez. Sofía me espera en la Alameda. Voy veinte minutos antes. Hago hora en la carpa de libros que está al lado de la U. de Chile. Ofertas. Pienso qué llevar. Calculo que de la tarjeta podría sacar otro poco de plata. Guadalupe Santa Cruz. El que no tenía. Lo llevo. Suena mi celular. Estoy en el metro, en el andén, dice Sofía. Voy. Me equivoco de dirección. Sofía está en la otra. Me devuelvo y la pillo. Le regalo el libro de la Guadalupe.

 

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Asumo que la escritura es una caminata. Más que un trazado, un ritmo.

 

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Cerca de mi casa hay una parroquia Evangélica. Restaurando Vidas se llama. La única vez que estuve en una iglesia así fue chico, a un bautizo. Todos sentían a Dios. Esto se lo cuento a la Sofía caminando por Plaza Brasil, con unas cervezas en una bolsa, pensando dónde podríamos tomarlas sin que sorprendan pacos. Ella me habla de un video en YouTube, de un niño-profeta, un niño-pastor que dice que la evolución está mal planteada. Los teólogos, los evolucionistas, dice el niño, eufórico, están errados: el mono y la mona siguen produciendo monitos y nosotros somos hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza. Seguimos hasta el Parque Portales. Una hora ahí para tomarnos las cervezas, luego ir hasta el M100, a ver la exposición de Juan Dávila. Comemos dulces árabes. Qué rico, dice, despuntes. Me chupeteo los dedos. Una pareja de mormones camina directo a nosotros. Hola, les digo. Hola, ellos responden con acento gringo. Van apurados. Entramos a Juan Dávila. Anoto que también O’Higgins podría estar travestido, le vendría bien a los cachirulos de su cabeza, a la pintura del Mulato Gil. Un enano travestido. Un Señor de la Querencia rosado. Estamos frente a la serie principal. En un lienzo creemos que es el mismo Juan Dávila junto al pololo. Se besan. La pintura  parece quemada, genera humo y aparecen esas dos personas. Uno bigotudo y otro pelado. Le digo a Sofía que no creo que sea el pololo.

 

Pablo D. Sheng

Pablo D. Sheng

(Independencia, 1995)
Fue parte del taller de poesía de la Fundación Neruda. Obtuvo el premio Roberto Bolaño de novela. Publicó Charapo (Cuneta, 2016).
Pablo D. Sheng