La realidad es un bien ilimitado | Sobre Material de derribo de Tarix Sepúlveda | Por Diego Maureira

 

LA REALIDAD ES UN BIEN ILIMITADO | SOBRE MATERIAL DE DERRIBO DE TARIX SEPÚLVEDA | POR DIEGO MAUREIRA

 

Si fuera el año 1982, les recomendaría la novela “Jardín de cemento” del británico Ian McEwan. Como estamos en el 2017, sugiero en su lugar a Tarix Sepúlveda y su “Material de derribo”. Las fechas no esconden ningún tipo de misterio. Tampoco hay un vínculo artístico-literario directo. Solo azar.

Cuando Jack, el joven protagonista de la novela, se encuentra solo en una casa prefabricada, abandonada y destruida por un incendio, se pregunta por las personas que alguna vez habitaron allí. Ellos jamás habrían imaginado lo que sucedería con ese espacio tan propio. Dice Jack: «Habían dado por sentado que siempre sería así. Pensé en mi dormitorio, en el de Julie, en el de mi madre, en todas las habitaciones que un día se vendrían abajo».

Lo primero que supe de Tarix Sepúlveda, antes de conocerla, fue que su obra era acerca de la basura. Trabajábamos en la misma universidad pero nunca nos vimos. Cuando yo llegaba por la tarde, ella se había marchado una hora antes, y cuando me tocaba trabajar por la mañana, ella venía en el mismo horario pero el día anterior. Hasta que un día sucedió que nos encontramos y me mostró algunas de sus instantáneas: eran retratos muy originales de bolsas y cubos de basura dispuestos en veredas y rincones de todo Santiago. Entre un millón de trabajos informales, a eso se dedicaba Tarix, a retratar basura. «Siento que el desecho y la basura son mis ligas», ha afirmado recientemente en una entrevista a propósito de su actual exposición en galería Bech.

Algún día todas las habitaciones se vendrán abajo, piensa el esmirriado adolescente de la novela de Ian McEwan. Una verdad inminente y terrible, como la muerte. Esta vez la obra de Tarix se trata precisamente del escombro y la ruina —como extensión de la ya indicada obsesión por el desecho—. No la ruina clásica, por supuesto, sino otra mucho más anónima y cotidiana, como en la historia de McEwan u otras del mismo estilo: “La biblia de neón”, “Ratcatcher”, etc. Aquellos excedentes que, en el texto presentado por la exposición, Celine Fercovic y Sergio Soto Maulén han nombrado como patrimonios “menores” : «enchufes, pelotas alguna vez perdidas, vidrios, loza, madera, concreto, o simplemente restos de materiales repartidos en pequeñas sustancias de las que no tenemos ideas, sino solo formas»

En efecto, “Material de derribo” es la arqueología o el registro forense de un cuerpo arquitectónico desarticulado, abatido y disgregado en fragmentos. En este caso específico, la Clínica Sara Moncada, ubicada en Pedro de Valdivia con Diego de Almagro y demolida el mes de julio de este año. Tarix instala en un delgado límite la diferencia entre obra y desecho, desajustando el valor de cambio de objetos recogidos y capturados, y revelando en última instancia su condición simbólica mutable. Se trata de un revés en la condición natural de lo que descartamos en la memoria. Un pasaje que transforma lo invisible en visible, lo degradado en belleza, la basura en una “operación estética”.

«Como no me podía llevar todos los objetos —dice Tarix—, porque no tenía un taller ni otro lugar donde dejarlos, me pregunté: ¿cómo puedo llevarme de igual forma esos colores y esos brillos de las cosas? Así que me puse a sacar fotos con el celular. Saqué como ochenta». La lección que se desprende aquí es que al menos hay algo gratis en este mundo concesionado: las imágenes. La realidad es un bien ilimitado. Este desembolso mínimo reivindica un poder creativo a toda prueba: los tesoros, aquellos objetos dignos de ser contemplados, están en todas partes. En tiempos tan próximo a la frenética velocidad que ambicionaban los futuristas, ya no es necesaria una herramienta distinta al aparato que usamos para hacer llamadas, conversar, cerrar acuerdos, escuchar música e incluso conseguir un chofer. Como bien lo ilustra Tarix Sepúlveda, el arte está al alcance de la mano y solo depende de una voluntad curiosa y persistente.

En “Material de derribo” surge una variedad tan incongruente de referentes que cuesta no creer en la posmodernidad artística. Por ejemplo: el desvío de la mirada hacia aquel residuo marginal y carente de protagonismo, muy al estilo del realismo sucio; o la obsesión anti-utópica por las estructuras derruidas del modernismo arquitectónico; sin olvidar la economía de medios y el placer errante del artista abocado al “objeto encontrado”. Todos estos elementos se van hilando bajo un filtro común: el ojo y el obturador de la artista. En una frase: crear el ángulo perdurable del olvido (el olvido en su condición corpórea, por supuesto). O bien: sacar lo pictórico de la materia del olvido. Cualquiera de ambas frases funcionaría —si alcanzan algún grado de sentido—.

Por último, entre videos, fotografías e impresiones en tela PVC brilla un extraño monumento, cerca de la amable y locuaz portera del Instituto Cultural BancoEstado. Este monumento nace de los remanentes del desecho. Es decir, aquello que fue incapaz de alcanzar el mínimo valor de cambio: la cobertura blanca y plateada del material utilizado para cubrir cañerías de cobre. Jirones acumulados y desperdigados entre una enorme estructura en proceso de descomposición y desbaratamiento. Tarix Sepúlveda alza con estos pedazos desmembrados un friso muy singular, que en su presencia específica e individual no remite ni dice nada. Con bastante suerte podemos inferir su procedencia o funcionalidad, pero está vaciado. Es una especie de minimalismo de la sobra, un frágil tesoro desvelado para los habitantes del 2017.

En Galería BECH.
Avda. Libertador Bernardo O’Higgins 123, Santiago. Metro Baquedano.
Desde el 8 de septiembre al 6 de octubre de 2017.
Horario: lunes a viernes de 10:00 a 19:00 horas.
Entrada: liberada.

 

Sobre la artista
Tarix Sepúlveda (1988, Santiago de Chile). Artista Visual, Licenciada en Artes Visuales en la Universidad Diego Portales (2010) y Magíster de Artes Visuales de la Universidad de Chile (2014). Participó en el colectivo de arte Intento Colectivo, con el cual crearon y dirigieron Galería Armada durante el 2011-2012, en Santiago de Chile. Desde 2011 ha participado en diversas exposiciones colectivas y en 2016 tuvo su primera muestra individual, titulada “Basura” en Casa Nekoe, Valparaíso. Ha desarrollado su investigación en torno a distintos fenómenos que ocurren en la sociedad. Pensando los significados establecidos y las problemáticas, trabajando a través de la fotografía, el video y los objetos como construcción de obra en su práctica artística. https://cargocollective.com/tarixsepulveda
Diego Maureira

Diego Maureira

(Santiago de Chile) Licenciado en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Se desempeña actualmente como ayudante en cátedras de arte moderno y contemporáneo, y ha publicado ensayos e investigaciones ligadas al arte chileno de las últimas décadas.
Diego Maureira