“Hacerse el hueón” o mantener la idea del estado judío de Israel y de paso olvidarse de los palestinos | por Rafael Guendelman H.

 

Volví a Palestina después de 5 años a mostrar la exposición “Sin tierra”[1]. En este viaje y a diferencia de la vez anterior, me piden mostrar el pasaporte una y otra vez, sin mayor argumento. No sé si será por mi barba o por el pañuelo que tengo puesto que me compré en la calle Bandera hace como 10 años, y que quizás en este contexto, parece una Kefya lista para una tercera Intifada[2].

Hace cinco años, cuando me paraban militares israelíes en los Checkpoints y me preguntaban dónde iba, yo les respondía tranquilamente que iba a Ramala, Jericho, Nablus o Nabi Saleh; todas ciudades palestinas. Tranquilamente, ignoraba o “me hacía el hueón” con el conflicto, la ocupación y el constante estado de sitio en el cual transitaba. Intentaba pasar como otro turista más, ajeno a los conflictos locales del territorio visitado.

Yo me “hacía el hueón”, pero ellos también, como casi todos los israelíes en Israel. Palestina está allí mismo, a veces a 1 km, pero nadie en Israel sabe, ni quiere saber, lo que pasa allí dentro. Ese territorio misterioso es la ciudad espectro que aparece al voleo cuando uno transita por las autopistas a altas velocidades, o mira desde los cerros de los asentamientos (esa perfecta ocupación vertical que describe Eyal Weizman).

En los mapas, el “hacerse el hueón” es auspiciado por el mismo Ministerio de Turismo. En Jerusalén, cuando pedí un mapa, me regalaron el mapa oficial donde Palestina no existe y en el que no hay separación entre un territorio y otro. En el mapa todo es ambiguo, extraño y pareciese una gran tierra abierta y transitable. Menos Gaza, por cierto, donde habita gente peligrosa y para Israel es mejor mantenerlos delimitados, nombrados, aislados.

Una noche volviendo del Mar Muerto junto a mi hermana, nos paró un policía israelí y dos militares. Nosotros que veníamos insolados, llenos de sal, con una pinta desastrosa y agotados por el trayecto sinuoso, nos detuvimos tratando de ser lo más turista posible. Ni yo, con mis Crocs llenas de sal, pude desorientar al policía, quien al saber que íbamos a Ramala nos hizo parar a un costado, nos registró enteros, nos empujó y sin explicaciones comenzó a desarmar todos los bolsos y mochilas. Tras unos minutos de tensión, el policía sin darnos explicaciones, tiró todo amontonado de vuelta al auto y nos instó a irnos agresivamente: “¡Yala, Yala!”, nos gritaba.

Luego de andar unos 5 minutos por la carretera nos dimos cuenta de que no teníamos los pasaportes, los cuales entre el estrés y la ansiedad por salir de esa situación, olvidamos pedir de vuelta.

La situación era desagradable desde cualquier punto de vista. Por un lado, mi hermana que vivía en España desde hace un tiempo y estaba recién logrando la ciudadanía, estaba como loca por no tener su pasaporte. Por otro lado, yo sabía que sin pasaporte estábamos encerrados en los Territorios Palestinos y no podríamos ir al consulado a sacar uno nuevo. Sumado a lo anterior, sabía además que la situación de ir a reclamarle al policía no sería nada de fácil.

Finalmente volvimos y no pasó mucho. El policía se “hizo el hueón”, dijo que no los tenía, e incluso hizo como que nos ayudaba a buscarlo. Tras los gritos agudos de mi hermana, sin creer que esto estuviese pasando, ellos se cabrearon y se fueron en su jeep.

Después de un momento de reflexión en la carretera y sin mayores respuestas, aparecieron otros militares a los cuales les pedimos ayuda. Les contamos lo que pasó y que estábamos “encerrados” sin posibilidad de cruzar a Israel para ir a la Embajada chilena. Ellos, de origen ruso pero con un inglés fluido, acudieron amablemente a llevarnos a un asentamiento israelí dentro de los Territorios Palestinos. Decían que allí había una comisaría en la cual nos podrían dar unos permisos de salida.

En la comisaría, para nuestra sorpresa, fueron muy amables con nosotros. Entre la confusión de la situación yo creo que nunca entendieron el enredo, pero nos creyeron, e incluso hicieron un documento acusando al policía del extravío de nuestros pasaportes. Los policías tampoco entendían por qué queríamos ir a Ramala. Una policía joven y hermosa, que no tenía más de 23 años, nos preguntaba con interés e ingenuidad, ¿cómo es allá? ¿es peligroso? ¿hay fiestas? ¿son felices?.

Entre la ingenuidad y la ternura de su respuesta, pero también la más descarnada ignorancia, traté de contestarle que sí, que allá la gente lo pasa bien, que trabaja, come, se ríe e incluso lo pasa mejor que en Israel. Me hubiese gustado decirle también, que gracias a un asentamiento como en el que estábamos, a muchos palestinos les expropian sus casas, les destruyen sus plantaciones y matan a sus parientes. Además, que el solo hecho de estar ahí viendo el partido del Macabi Haifa violaba la resolución 446 del Consejo de Seguridad de la ONU, la que “prohíbe a cualquier país ocupante afectar demográficamente el territorio ocupado”.

Pero no le dije nada. Me quede piola, me hice el huéon. Vi el partido callado sabiendo que pronto podría volver a Tel Aviv, bañarme en el mar Mediterráneo, tomarme una cerveza y olvidarme aunque sea un rato de la ocupación, del Check Point, de las metralletas, del soldado amistoso, incluso de mi exposición.

Link de interés, mapa actualizado: http://www.btselem.org/map

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Fotografía por Rafael Guendelman. Cotillón día de la independencia de Israel en Tel Aviv.

 

 

  1. Sin tierra fue expuesta el año 2015 en Santiago en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende y en Valparaíso en el Parque Cultural.
  2. Intifada quiere decir “agitación” o “revuelta” en árabe. La palabra se ha utilizado para dar nombre a grande movimientos de resistencia palestinos en contra de la opresión y ocupación israelí. Han existido dos Intifadas hasta el momento, la primera fue en 1987 y la segunda en el año 2000.
Rafael Guendelman Hales

Rafael Guendelman Hales

Egresado de licenciatura en Arte de la Universidad Católica de Chile y de los diplomados en Teoría del Cine de la U. Católica y Mundo Árabe Contemporáneo de la U de Chile. Actualmente es alumno del programa de Magister en Arte “Situated Practice” de UCL en Inglaterra. Ha participado en diferentes residencias de arte, exposiciones y festivales de video.
Rafael Guendelman Hales