DESASTRE RECOMIENDA | PUNK: NYC, 1981-1991. UN PERÍMETRO, UNA ÉPOCA, UN TORBELLINO | por Diego Maureira

PUNK: NYC, 1981-1991. UN PERÍMETRO, UNA ÉPOCA, UN TORBELLINO

PUNK: NYC 1987-1991 | Ben Nadler | Montacerdos | Crónica

«El punk ha tomado muchas formas en las últimas tres décadas y media», dice Ben Nadler en su libro Punk: NYC, 1981-1991, «y cada una de esas formas existe en el contexto histórico del punk, en el contexto histórico de otras subculturas y en el contexto histórico de la cultura dominante». Esta es prácticamente la única reflexión que Nadler expresa en torno al lugar histórico y político del punk, como tema, como valor cultural. Su posición respecto al propio libro, publicado originalmente el año 2014 y editado por Montacerdos el 2017, es concisa y clara: «Si el punk se mantendrá vigente, y significará algo, será solamente porque estamos dispuestos a cuestionar su pasado y su futuro, y a darle un nuevo significado».

Conservar lo que se estima valioso del pasado es siempre un acto de justicia. Irradiar ese valor en el presente, sin embargo, depende de otros elementos. Como es claro, todo objeto puede ser mostrado en facetas e inclinaciones distintas. La misión es volver accesible ese pasado y, en el mejor de los casos, convertirlo en algo importante. Siempre que usamos la palabra, por ejemplo, el pasado es sometido a una forma nueva y específica. Esto explica porqué el arte ha sido, incondicionalmente, una irrupción en potencia: mientras existan formas de representación (su sofisticación tecnológica no cambia las reglas), siempre existirá un amplio espacio para desajustar o quebrar los códigos. Un buen artista es el que sabe apuntar. Ahora bien, ¿cómo dar cuenta del pasado, reconstruyendo acontecimientos reales, cuando siempre es posible dudar de los medios?

En un mundo sin garantías, todo puede ser arte. El arte es la voz incesante que repite: “en realidad, mucho de lo que asumes tan confiadamente puede ser mentira” (como diría Adolfo Couve: «buscamos una seguridad que no existe»). Desde este lugar —un mundo que posee más ficción que realidad— hablaré acerca de ese torbellino, que viene a cerrar el siglo XX, llamado hardcore punk. Punk: NYC, 1981-1991 es sin duda una resignificación adecuada. Incluso necesaria. Por más que su hilo conductor parezca arbitrario (¿cuál es la forma adecuada de hacer historia hoy en día?), la solidez de su trama referencial y narrativa depende directamente de esta franqueza. Tomar una banda como excusa, inmiscuirse en el árbol genealógico de su heroico y vulnerable líder. Pero también es preciso aclarar: muchas de las cosas que irrumpen por azar, lo son solo en apariencia. Si hay un momento decisivo que permite pensar la definición y significado del punk en el presente, ese momento es justamente la década de los 80 y no otro. Vale decir, el momento en que el alboroto y la disrupción son incorporados por las masas urbanas de las grandes y pequeñas capitales.

Ben Nadler toma como caso un perímetro biográficamente cercano. El Low East Side de Nueva York. A su vez, dibuja una ruta temporal marcada por la historia de un personaje: Dave Insurgent, vocalista de la legendaria banda Reagan Youth. ¿Demasiado azarosa y parcial para ser una historia de la segunda ola del punk? Low East Side no solo fue el lugar donde emergieron importantes grupos y géneros derivados del punk, sino también un barrio donde transitaron las bandas más importantes del momento (como los influyentes e irreductibles Bad Brains), además de ser un espacio de lucha y ocupación como pocos en la historia de la resistencia política estadounidense, en las postrimeras de la Guerra Fría.

Dave Insurgent, fundador de Reagan Youth en 1980, es tan solo la puerta de entrada a un relato donde confluyen política, droga, guerra y una generación huérfana de los Sex Pistols, The Clash, Iggy Pop y Richard Hell. Una generación que, por lo demás, también lidiaba con los propios problemas de su época: resabios de la segunda guerra y la división del planeta. La singular trayectoria de Dave Insurgent —personaje que creció y murió siendo parte de las escena punk— es la excusa y capricho perfecto que permite a Nadler explicar de qué se trató este torbellino inabarcable de movimientos, estilos, géneros, ideologías, estéticas y conductas, que tanto tienen que ver con la ramificación del punk a lo largo del mundo. Punk: NYC, 1981-1991 es un libro que establece un puente con lo que muchos de nosotros alcanzamos a conocer y vislumbrar acerca del punk (una palabra casi indefinible).

El autor es abierto en precisar que la condición mutable y localista del punk impide poner el concepto bajo un único punto de vista. Lo que sucede con el punk en los 80 tiene que ver, claramente, con los espacios y culturas en las que irrumpe, y su fisiología puede variar considerablemente. Nadler evidencia este fenómeno en la cuna de sus primeras desviaciones. La segunda ola del punk, así como otros estilos emergentes en aquel momento (el rap es probablemente el mejor caso), entrañan una contaminación fundamental que ha recibido el nombre emblemático de posmodernidad. A partir de los años 80, todo se va mezclando.

Punk: NYC, 1981-1991 teje una historia cruzada por letras insignes de canciones punk, historias de bandas fundamentales del género, sellos discográficos, compilaciones discográficas y registros de espectáculos en vivo; además de temas globales muy latentes como la inmigración europea y latinoamericana a Nueva York, la tradición anarquista neoyorkina, la intromisión de ciertos partidos políticos de izquierda, el ingreso de la cultura skinhead (originaria de Gran Bretaña), la marihuana, los conciertos de protesta, la religiosidad asimilada por algunas ramas del hardcore (como el rastafarismo y el Hare Krishna), la homofobia y las divisiones internas de la juventud estadounidense, el racismo, las bibliotecas libertarias, las okupas (edificios, liceos, bombas de bencina) y la gentrificación, causa definitiva del declive de esta eclosión cultural y contracultural única e inaugural de un nuevo tiempo expansivo; el comienzo de un mundo cada vez más globalizado que termina por anular todo lo específicamente provocador que alguna vez tuvo oportunidad de existir.

Nada es tan al azar, después de todo. La potencia del hardcore punk, que convierte el viejo arquetipo de la distorsión en un arma de ruido y consignas, brota por las calles del Low East Side de forma turbulenta —como una salida a algo muy pesado y profundo que constriñe a la juventud—. Reagan Youth rinde un culto sardónico al presidente de turno, cuyo mandato abarca casi por completo la década, y es un mensaje de libertad: contra el imperialismo, contra el individualismo, contra la apatía. Ben Nadler no suprime ni omite las diferentes expresiones del punk y el hardcore punk en los 80. Toma su lugar histórico para señalar que se trata de algo más complejo que una palabra. Todo lo que vive en torno a él es absolutamente dadaísta. Como un rayo. Su apropiación por parte del poder ha traído avalanchas como la del Low East Side o de tantas otras ciudades. Al parecer, mientras haya un orden en pie, habrá posibilidades para nuevas formas del punk.

PUNK: NYC 1987-1991
Ben Nadler
Editorial Montacerdos 

Diego Maureira

Diego Maureira

(Santiago de Chile) Licenciado en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Se desempeña actualmente como ayudante en cátedras de arte moderno y contemporáneo, y ha publicado ensayos e investigaciones ligadas al arte chileno de las últimas décadas.
Diego Maureira