DESASTRE RECOMIENDA | CONTRA LOS HIJOS de Lina Meruane | Por Tomás Henríquez

De todas las plagas que han asolado el planeta, sin duda, la más devastadora ha sido el ser humano. Incluso a pesar de las evidencias, se insiste, cual dogma irrefutable, en la probidad del futuro. La ciencia, la religión, la poesía: todas parecen de acuerdo. Indistinto de la fe política que se profese, tácitamente se afirma que nuestros actos siempre serán impulsados bajo la creencia obligatoria de ese valor supuestamente supremo cuyo movimiento narrativo se proyecta hacia un adelante que desconocemos, y que es la posibilidad irrebatible de un mejor porvenir de la especie. Y aunque el mundo sea una fábrica de tristezas, se condena a quien rechaza dicho esquema de valores, pues se presume que amenaza la soberanía del cuerpo propio y arrebata al orden social el principal fundamento en el que se sustenta. Sin embargo, tras la dictadura del futuro se esconde otra aún más soterrada: la dictadura de los hijos.

Lina Meruane acaba de publicar Contra los hijos (Ed. Penguin Random House, 2018), un conjunto de ensayos donde rebate la idea de que la maternidad sea la cúspide en la realización social e individual de una mujer. Ensaya lo que en su perspectiva realmente significa tener hijos, y describe la condena social que sufren quienes, como ella, se niegan a tenerlos. Ya de entrada se advierte que antes que ser una declaración contra los hijos, se trata más bien de una proclama contra un régimen político-sexual que permite, valida y perpetúa condiciones de abuso, reconocibles en toda época y que, de forma nada inocente, operan cual círculo vicioso siempre contra el cuerpo de la mujer. El capitalismo, ya sabemos, necesita para funcionar modos específicos de extracción de plusvalía, y las mujeres, por su inventada naturaleza, dependencia y supuesta fragilidad, son uno de sus principales objetos. Incluso en el interior doméstico, donde se supone ya no habría explotación laboral, la mujer es víctima y a veces cómplice, y son los hijos precisamente los que —muchas veces— justifican dicha condición.

Como en novelas anteriores, la autora utiliza estrategias autobiográficas, esta vez para escribir una diatriba en la que cita casi únicamente mujeres, y cuyo tono lejos de volverse furioso, autoritario o enceguecido por una ideología inquisidora es, por el contrario, siempre lúcido, fresco y bien argumentado. Un texto liviano (a pesar del supuesto tabú detrás del tema), ni tan cínico ni tan pesimista, pero que se lee rápido, con cierta dosis de humor y alta vocación de best seller. Y aunque si bien para un feminismo más clásico no dice nada nuevo, sí lo dice para aquellos que, por descuido, torpeza o ignorancia, recién se inician en este tipo de bibliografía tan extensa como imprescindible. El feminismo está de moda (enhorabuena) y por ende no debe resultar sorpresivo ni este tipo de gestos editoriales ni el creciente interés multinacional en autoras de su talla.

Mención especial merece ¨Del in-fértil canon”, capítulo dedicado a la relación entre maternidad y escritura, en el que la autora realiza una breve genealogía de cómo dichas condiciones de opresión han obligado a muchas mujeres a postergar o la una o la otra. Así expone cómo grandes escritoras, amparadas en la intimidad de su cuarto propio, pudieron sortear el problema y volcarse de lleno a la literatura, no sin antes soportar el juicio público por el presunto egoísmo o falta de sensibilidad que significa carecer de vocación materna. Visto así, no resulta difícil entender que las mujeres escriben —y/o publican— menos que los hombres, no únicamente por una historia llena de censura y omisión, sino también pues para una mayoría la maternidad aún es un obstáculo y una imposición que les quita tiempo, espacio y autonomía. “Las madres —dirá Meruane— no piensan, y si piensan traicionan algo de la maternidad, del instinto. Las madres no escriben, están escritas […]”

Así mismo, Meruane resalta la paradoja que hay cuando un feminismo liberal celebra victorias y avances en cuestiones de género, mientras corre a caballo su férrea defensa de la dictadura de los hijos, que sigue siendo más que una posibilidad de emancipación, un freno y una atadura. Aquí es donde, por el contrario, bien valdría la pena recordar, y no únicamente como metáfora, el uso de los nudos (a la manera de J. Kirkwood) como una posibilidad de tejer vínculos de cooperación y asistencia mutua, no para consentir la euforia neoliberal, sino para desatar la lógica contra-sistémica de los múltiples feminismos posibles.

Contra los hijos es un libro especial para regalar en cumpleaños, navidades o cualquier instancia familiar. Porque lo que a primera vista podría leerse como un problema exclusivo de mujeres, o como un glamoroso tema para reportaje de revista de papel couché es, en cambio, una proclama anti-humanista que se levanta contra el histórico privilegio de los hombres y la familia entendida como la perversa institución donde se perpetúan los principales vicios de la sociedad. Lejos de ser un manual para convencidas (y las meruanistas, vaya que lo son) estamos frente a un texto de batalla que, si bien la autora no lo explicita, es posible leer como una reivindicación o una arenga para vivir contra la idea misma de progreso de la especie humana, es decir, contra el futuro. Y eso es lo más atractivo: la certeza de que la procreación, como hasta hoy ha sido entendida, no hace sino que acelerar nuestro propio final.

Contra los hijos (una diatriba)
Lina Meruane
Ed. Penguin Random House, 2018
191 páginas