SOBRE DESASTRES NATURALES Y PLANTAS DOMÉSTICAS: Entrevista a la poeta VICTORIA RAMÍREZ | Por Diego Maureira

 

Alud. Victoria Ramírez. Editorial Amistad.

Con Victoria tratamos de generar una entrevista pero no nos resultó tan bien. Ella sabe de esto porque estudió periodismo. A ambos nos costó encontrar alguna razón profunda que moviera la conversación. Y al final todo se redujo a un simple encuentro de tarde. Todo es verídico. Nos encontramos en la pileta que conecta Merced con José Miguel de la Barra y luego buscamos un café. Victoria Ramírez venía de la Biblioteca Nacional –en algo trabajaba, una investigación– y yo venía de la Posada del Corregidor, también ocupado.

Victoria Ramírez: A mí me pasa que, como me concentro mejor en la mañana, a veces me levanto temprano, escribo un rato y a las nueve me voy a trabajar, y después en la noche vuelvo a escribir. Porque generalmente es en las horas de la mañana, muy temprano y muy de noche cuando logro el silencio que necesito para poder concentrarme.

Diego Maureira: ¿No te ha llegado la inspiración en cualquier momento del día?

VR: Sí me ha pasado. Pero cuando pasa escribo en las notas del celular, y cuando tengo justo libreta y lápiz escribo con eso. Las notas del celular me ayudan harto, porque anoto ideas y después cuando llego a mi casa y tengo tiempo voy conectándolas y se me van ocurriendo otras cosas, entonces ahí puedo armar un poema.

Escogemos una mesa y nos acomodamos. Victoria usa un chaleco rojo. Yo voy arruinado porque ha sido un día duro.

DM: ¿Así se arma un poema?

VR: Es como… mi metodología. En general, hay muy pocos momentos en que tengo real disposición a escribir. Lo que hago es buscar el espacio. Cuando ya no estoy escribiendo nada, edito o leo. Leo harto igual.

DM: Yo estoy leyendo ahora un libro aburridísimo de Beckett, y otro que es muy bueno de Tracey Emin. ¿Y tú?

VR: Mmmm… Hace poco estaba leyendo el libro de un amigo… y también una antología que sacó Alquimia, de una poeta cubana que se llama Damaris Calderón. Me gusta harto. Salió hace poco y está bueno. Estoy leyendo pura poesía, porque como tengo que entregar luego un borrador, estoy intentando inspirarme. Pero normalmente lo que leo es narrativa y poesía. Mezclados.

Tomamos café a toda prisa.

DM: ¿Como escritora has tenido suerte? Hay gente que muere sin nunca obtener un resultado.

VR: Yo creo que uno no tiene que escribir pensando en que va a tener un resultado.

DM: Sería como un deporte. Cuando Charly García se tiró a la piscina del noveno piso de un hotel, los periodistas lo entrevistaron y dijo que era la primera vez que estaba disfrutando del deporte. Y le preguntaron qué deporte es. Clavadismo.

VR: (Risas) Sí. También pienso que sería como un Fondart. Porque el Fondart te obliga a tener un esquema. Pero yo creo que lo más interesante es escribir por las ganas de hacerlo. Y sí, es desgastante, porque a veces hay periodos en los que vas a estar sentada frente al computador y quizás no vas a sacar algo que te guste, pero cuando pasa eso, yo creo que uno puede trabajar proyectos en paralelo.

DM: Cuando leí Alud me preguntaba, ¿cuál será la entonación de esto? ¿Cómo se leerá? Porque es distinto el papel a la entonación y sus tiempos. De hecho, la poesía puede ser totalmente performática.

VR: Sí, de todas formas. Es un carácter de la poesía. Además del significado y de lo escritural –que tiene que ver con cómo están dispuestas las palabras en la hoja de papel–, también está la dimensión del sonido. Yo creo que, a pesar de que no se usa rima, hay una musicalidad, pero de otra forma.

Invito a Victoria a una inauguración. Salimos del café y caminamos por calle Merced en dirección a la Plaza de Armas. Comienza a anochecer.

DM: Yo creo, no sé si está bien, que la poesía de ahora tiene que ver con el pulso contemporáneo. En tus poemas el corte no responde a una misma cosa. Y yo creo que ahí está el asunto. Nunca se responde a una lógica uniforme.

VR: ¿Te refieres a que hay una oración y en vez de terminarla en “casa”, que es donde debería terminar, hay un corte y la palabra está abajo? Ah sí, es que yo creo que ahí hay una intención y ahora hay más libertad también. Ya no es necesario, como antes, escribir en décimas, o tener un ritmo que rime verso por medio.

DM: ¿Y cuál sería una pista para acercarse a uno de tus poemas?

VR: Yo creo que hay un tono de observación. Es como observar las situaciones y reflexionar sobre eso. Pero está en un espacio un poco ajeno. Como… el intersticio que queda entre algo que te sucede a ti y lo que le sucede a otra persona. Es como ese espacio intermedio.

Victoria Ramírez

DM: ¿Y en alguno de tus poemas sientes que has logrado bien eso? ¿O al menos has llegado a sentirte satisfecha?

Victoria se detiene a comprar chicles en un negocio y sigue conversando.

VR: En Alud, por ejemplo, se nota harto esa observación porque surge a raíz de relatos familiares. Por parte de mi papá que es de Antofagasta y de mi mamá que es de Purranque, un pueblo que queda cerca de Osorno. Entonces, siempre he escuchado hablar a mis familiares haciendo referencia a los grandes desastres naturales en Chile, como el alud de Antofagasta de 1991 y el terremoto de Valdivia del 60.

Abre el envase de los chicles y se lleva uno a la boca.

DM: Tiene algo documental.

VR: Totalmente. Hay proyectos en que se nota más este sentido de la observación y otros que son más personales. Y estoy experimentando, así que estoy trabajando ambas cosas. Tengo un proyecto, por ejemplo, que se llama Notas sobre plantas –con el que gané el fondo del libro este año– y ese proyecto tiene una voz mucho más desafectada. En el fondo, es un mundo ficcionado, donde las plantas tienen protagonismo en la vida humana. Y esa es una excusa para hablar de las relaciones humanas.

DM: ¿Y respecto al lado personal que mencionabas?

VR: Eso tiene que ver más con recuerdos familiares. Es un proyecto que me ha costado más delinear. Hay una primera persona mucho más presente.

DM: ¿No piensas que el formato de la escritura responde a la época de la imprenta? Sacar un libro por ejemplo. Ahora los medios de inscripción del texto común y corriente son plataformas virtuales.

VR: Yo creo que ahora el poema no se agota en el papel, sino que tiene otras extensiones. No sé, la poesía también puede ser una instalación o también existen estos poetas que musicalizan sus poemas, como La Orquesta de Poetas.

Llegamos a La Casa Colorada, en una esquina de la Plaza de Armas. Ahí se inaugura la exposición Piedra negra II de Fiorella Angelini.

DM: Victoria, ¿y qué piensas que va a pasar con el arte?

VR: Es una súper pregunta. A mí me gusta que se experimente con las distintas disciplinas. Entonces siempre voy a estar a favor de los intercambios mediales entre poesía y música, poesía y arte visual, o arte visual y música, para mí son cosas que tienen que ver con lo mismo, que es con una sensibilidad del mundo.

Sobre Victoria Ramírez
Nació en Santiago en 1991. El año 2016 obtuvo el premio Roberto Bolaño de poesía y el 2017 el primer lugar en los Juegos Literarios Gabriela Mistral. En marzo de este año publicó el fanzine Alud por la microeditorial Amistad y actualmente prepara su primer libro de poemas con editorial Overol.
Diego Maureira

Diego Maureira

(Santiago de Chile) Licenciado en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Se desempeña actualmente como ayudante en cátedras de arte moderno y contemporáneo, y ha publicado ensayos e investigaciones ligadas al arte chileno de las últimas décadas.
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