DESASTRE RECOMIENDA | APUNTES PARA UN DICCIONARIO DE LA MODA de Pía Montalva | por Tomás Henríquez

Sabemos que la historia no está hecha únicamente de héroes, grandes discursos o fechas memorables. Contra la ortodoxia, nuevos —y no tan nuevos— investigadores, cada vez más provistos de entusiasmo e insumos de análisis, se resisten. Hoy más que nunca, es la gente común y corriente la que protagoniza relatos mínimos, cuyo valor radica precisamente en señalar como posibles innumerables alternativas de reescribir dicha memoria. Se argumenta que con ello emerge una dimensión de lo cotidiano, más sensata, más fidedigna, y que carece de los estereotipos propios de la representación clásica e institucional de la historia. Habría en el sujeto de a pie una supuesta honestidad que lo absuelve de toda corrupción y lo acerca, quizás como nadie, a encarnar cierta dignidad inscrita en la imagen de la multitud. De esta forma, se hace texto toda una extensa gama de inquietudes, sensibilidades, fenómenos, ideas y, por cierto, objetos dignos de ser narrados.

Apuntes para un diccionario de la moda (Ed. Hueders, 2017) de Pía Montalva tiene la virtud de ser un libro de historia que está entre medio de muchas cosas. Aunque ya desde su título supone ser un diccionario, también puede leerse como un anecdotario de escenas casi todas floreadas por la coyuntura en las que se vinculan los mundos de la política, la farándula y el imaginario popular chileno. A pasos de la crónica periodística, del manual o guía de tendencias, se trata del ordenamiento alfabético de cincuenta y cinco términos, entre los que se cuentan elementos de indumentaria, estilos, o modos de socialización de los mismos, y en los que a cada definición le secunda una pequeña crónica en torno al uso que le dio algún personaje medianamente conocido. Y a pesar de lo breve de la entrega, logra convertirse en un muy valioso ejercicio.

 “Cada uno de los objetos que componen el guardarropa-inventario remite a una historia que da cuenta de sus componentes materiales y de sus tecnologías, sus condiciones de producción, su adopción de parte de los usuarios y los efectos de su inserción en la oferta de apariencias y el mercado de la moda.”  

Como ya lo había hecho antes, la autora explora la forma en que la ropa refleja la autobiografía de las personas y la manera en que se vinculan a distintos regímenes sociales de poder. Su formación de diseñadora e historiadora le permite hacer un análisis sobre el uso de determinados elementos de indumentaria, y los pone en el contexto de costumbres y formas de vida asociadas. Más que tratarse de un simple adorno, habría en el modo en que nos dejamos ver estrategias vestimentarias utilizadas para resaltar, connotar, disimular, citar y parodiar la propia apariencia. Así, describe lo que dictan los manuales de conducta, aquello que es visto como innovador, distinguido, o bien, por el contrario, como un capricho, un exotismo, o derechamente mal gusto. En esa misma línea, y a la par de la descripción de ciertas características de la insularidad chilena (donde muchas veces la escasez obligó a la creatividad), Montalva intenta desarmar supuestos que legitiman la importación irreflexiva de aparatos que rigen sobre el gusto y la distinción. Por que así como dijo Augusto d`Halmar (crítico, novelista y refinado dandy chileno que siempre vestía muy bien), el snobismo determina muchos entusiasmos.

La importancia del proyecto escritural de Pía Montalva radica no solo en poner su atención en prácticas, hábitos y tradiciones de la micro-historia, sino también, por hacerlo desde el sistema de la moda, un conjunto de signos marcado por cierto supuesto índice de frivolidad, confinado al ordenamiento de lo íntimo, lo privado, lo femenino, pero que, puesto en circulación revela rasgos insospechados en la dimensión de lo público y aspectos acaso inobjetables de la vida cotidiana de cada época. Y es ahí donde se asoma una paradoja: Montalva quiere describir el paisaje social desde la ropa, quiere sacarle una foto a la razón vestimentaria de cada momento, pero aquí lo hace eligiendo personajes que, como ella misma señala en la introducción, resaltan del resto, sobresalen de la escena en la que actúan y son, en otras palabras, excepciones cuya apariencia, sintetizada por la pregnancia de una determinada prenda, desborda el marco de posibilidades de la multitud.

 “¿Cómo podrían las mujeres expresar, en los gestos cotidianos, por ejemplo en la ropa, la tenencia del poder político, si las convenciones que lo regían habían sido construidas desde lo masculino? ¿De qué modo deberían apropiarse de dichas normas, cuando no era materialmente posible evadir el hecho de ser mujeres?”  

Es por eso, y a la luz de sus anteriores obras, que Apuntes para un diccionario de la moda podría ser visto como un texto menor, poco relevante o quizás simplemente anecdótico. Tras el protagonismo que adquieren determinadas dinámicas de consumo, la excesiva consideración al imaginario de la farándula y a la semiótica que engalana las altas ceremonias del poder, se deja en segundo plano lo que ya había marcado una importante pauta en su trabajo previo: una mirada reflexiva sobre las condiciones materiales de producción de prácticas vestimentarias durante la época de apogeo de la industria textil, o bien, otras determinadas por condiciones de abuso, violencia, u opresión política y militar.

Sin embargo, mirado en perspectiva el texto poco tiene de anecdótico.

En estos Apuntes…, Montalva hace gala de una rigurosa investigación y una alta destreza en el manejo del microtexto. Destaca la originalidad, no de su formato, sino del tratamiento con el que aborda un tema cuya producción y recepción crítica es todavía escasa. Se trata —como dice su autora— de “un guardarropa que deviene inventario y luego diccionario”. Un texto atractivo, singular, y de altísimo potencial. Tanto que no resultaría absurdo esperar una futura versión ampliada. Por que son todavía muchas las prendas omitidas en este diccionario. E innumerables los cuerpos que las utilizan. Recordemos que finalmente no hablamos sino de los cuerpos. En cómo los cuerpos se miran y cómo son mirados. En cómo los cuerpos actúan debajo de la ropa. Cómo se pliegan y despliegan haciendo que telas y géneros se amolden, se deformen y así puedan volverse otra cosa.

 Apuntes para un diccionario de la moda Pía Montalva Ed. Hueders, 2017 348 Páginas