DESASTRE RECOMIENDA | LA VEGETARIANA de Han Kang | Por Kati Lincopil

Una madrugada el esposo de Yeonghye la encuentra inmóvil y descalza frente al refrigerador. La cocina está a oscuras y apenas puede ver su rostro. “Tuve un sueño”, explica ella, al preguntarle por su comportamiento, y vuelve a la habitación. Su esposo, desconcertado, vuelve también a acostarse. Unas horas después, ya por la mañana, entra nuevamente a la cocina, furioso porque Yeonghye no lo ha despertado para ir al trabajo. Esta vez la encuentra de cuclillas frente al refrigerador metiendo todos los alimentos con carne dentro de bolsas de basura. Horrorizado, la interpela sin conseguir una respuesta. Toma su muñeca firmemente tratando de detenerla, ella se resiste y en el forcejeo termina por herirla. “Tuve un sueño”, vuelve a repetir.

Así comienza La vegetariana, de la escritora surcoreana Han Kang, y ese es el argumento principal de la novela. Yeonghye, una ama de casa insulsa, obediente y sumisa —según su marido— un día se vuelve vegetariana. De hecho, se vuelve vegana. Abandona todos los lácteos y huevos, bota todos sus objetos de cuero, vacía por completo el refrigerador y se niega a volver a comer o cocinar carne. Una mujer que de pronto no tenía ningún rasgo en particular, se vuelve testaruda e incomprensible.

Su decisión se vuelve inmediatamente problemática para el resto de la familia. Pero no sólo por dejar la carne, sino por su tozudez, por su falta de argumentos. Deja de comer carne no por razones médicas, ni religiosas, ni animalistas. Yeonghye simplemente se resiste, en silencio, a cualquier intento de disuasión. Deja de obedecer a su marido, y a su padre, quien, en una comida familiar, es capaz de abofetearla intentando hacerla tragar un trozo de cerdo.

La vegetariana fue publicado en Corea del Sur el 2007. No tuvo muy buena recepción. Sus críticos la tildaron de “desagradable”. En cambio, el 2015, traducida al inglés, la novela goza de tal éxito que es galardonada con el Man Booker International Prize (el premio ha sido otorgado a autores como Philip Roth, Lydia Davis y Alice Munro). Pero antes de que Han Kang y su traductora ganaran el premio, la incipiente editorial española :Rata_ había firmado contrato para su traducción al español y es publicada en marzo del 2017. Una lotería editorial.


 “Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial. Para ser franco, ni siquiera me atrajo cuando la vi por primera vez (…) si me casé con ella fue porque, así como no parecía tener ningún atractivo especial, tampoco parecía tener ningún defecto en particular: Su manera de ser, sobria y sin ninguna traza de frescura, ingenio o elegancia, me hacía sentir a mis anchas.” 


A nivel internacional, la novela ha sido destacada por el lenguaje sensual de esta oscura ficción. Características que en la traducción en español no son tan destacables. De hecho, parte de la polémica de la novela fue su traducción al inglés, la cual, según otros traductores surcoreanos, se excedía en adjetivos y embellecimientos que ni siquiera se encontraban en el original.
Compuesta por tres capítulos, en el primero vemos la posición de su marido egoísta y trabajólico; en el segundo, la de su cuñado, que entra en una enfermiza obsesión por ella; y en el tercero la de su hermana, la única persona que parece sentir amor y compasión por Yeonghye, quien pronto no sólo quiere dejar la carne, sino de comer en absoluto. Yeonghye no quiere generar ningún impacto, no quiere dejar ninguna traza en este mundo, solo ser, pasivamente, silenciosamente, como una planta.

Por la aún lejana relación que tiene occidente con la literatura asiática contemporánea, y aún más con la surcoreana, me parece que su lectura puede llevar a muchas confusiones al nivel, por ejemplo, al que puede llegar a conducir el título de la novela. No, no se trata sobre vegetarianismo. En varias entrevista a la autora se le ha preguntado por la importancia de la carne en corea, a propósito de las violentas reacciones que tiene el entorno de Yeonghye ante su decisión. Pero no, el vegetarianismo en Corea del Sur, así como el consumo de carne, no se diferencia de manera considerable al occidental en términos de cantidades o importancia (que acá es bastante) y, como en todas partes del mundo, hay muchos que deciden hacerse vegetarianos.

La novela es una ficción. En esta ficción, una mujer que parecía completamente normal se ve atacada desde sus sueños, es decir, desde sus propios deseos, con pesadillas sanguinolientas en las que despedaza trozos de carne con los dientes y que en vela se ve invadida por el deseo de descuartizar animales. En los que camina entre enormes trozos goteantes de carne, y ve su rostro reflejado en charcos de sangre, o en los que siente entre sus dedos resbaladizas piezas de globos oculares. Yeonghye comienza a consumir su propio cuerpo a causa de su decisión y comienza a dar señales cada vez más graves de perturbación mental. Se niega a su propia violencia interior y, en su pasividad, por su convicción, es atacada desde el exterior.

 

 “Por más que respiro profundamente, no se me aligera el pecho […] Son gritos, alaridos apretujados, que se han atascado allí. Es por la carne. He comido demasiada carne. Todas esas vidas se me han encallado en ese sitio. No me cabe la menor duda.” 

 

Golpes, cosificaciones, violación intramatrimonial. La voz de los protagonistas deja entrever una sociedad profundamente tradicional y, por ello, patriarcal. Aún así, no hay que entrar nuevamente a creer que una novela es una ventana a la realidad cultural de un país. En Corea del Sur, como en muchas partes del mundo, el feminismo es una postura en aumento, no exenta de rechazo social y que ha encontrado palestra pública por medio, como ha sucedido en otros lugares, de las denuncias de actrices contra directores consagrados como Kim Ki Duk.

En la serie de Netflix She’s gotta have it de Spike Lee —remake de la película del mismo nombre— Raqueletta Moss, la directora de un colegio para niños en riesgo social, quien sobrevivió a una infancia brutal de abusos y abandono, se caracteriza por referirse a sí misma en tercera persona. Nola Darling, la protagonista, reflexiona al respecto: “Raqueletta Moss habla en tercera persona porque ha sobrevivido a su holocausto personal saliéndose de su cuerpo y diciendo ‘No estoy aquí. No estoy aquí. No puedes herirme. Porque Raqueletta Moss no está aquí’ ”.

Yeonghye decide no ser un animal, no vivir a través de la destrucción. No sufrir ni desear. No ser esposa, ni hermana, ni hija ideal. Decide no ser más un humano. Como Raqueletta Moss, Yeonghye decide no estar aquí.

 La vegetariana Han Kang Editorial :Rata_ 240 p. 

 

Kati Lincopil

Kati Lincopil

Independencia, 1989. Estudió Teoría e Historia del Arte en la Universidad de Chile. Librera. Editora y co-fundadora en revistadesastre.cl
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