NARANJAS DE UNA GEISHA CHILENA | por DIego Maureira

Muchas veces son los artistas los primeros en poner en valor aquello que en apariencia es anecdótico o insignificante. Una suerte de aventura imaginaria respecto al futuro, como lo plantearía Boris Groys. O simplemente un juego especulativo sobre lo que desconocemos. En el mes de abril de este año Fernanda Ivanna y Javiera Gómez lanzaron el fanzine Geisha, en el marco del “Festival de la nostalgia”. Además, exhibieron en el mismo espacio un video que recreaba la elaboración de un “sushipleto”, una interpretación performática de las influencias culinarias que conviven en el Chile de hoy (un Chile globalizado y ecléctico). Fernanda Ivanna es artista, performer, intérprete, escritora, aseadora profesional y baby sitter. Javiera Gómez es artista visual y ha desarrollado una obra que aborda los usos y desusos de los alimentos industriales. A partir de dos experiencias personales ligadas a la figura de la geisha, estas artistas articularon un trabajo conjunto sobre el cual conversaremos en esta entrevista. El fanzine publicado emula la portada del libro Me llamo Anita Alvarado, de la famosa Geisha Chilena. Nos reunimos en el restaurante Costa Brava, a pasos de Estación Universidad Católica. Fernanda Ivanna y Javiera Gómez acaban de llegar de Chicureo, tras una visita al hogar nada menos que de Anita Alvarado.

Fernanda Ivanna (FI): Disculpe, me puede cargar mi teléfono, que si no, no voy a poder vivir. Ya. Hagamos un salud por la Geisha, por favor. Es demasiado amada. ¡Por la Geisha!

Diego Maureira (DM): ¡Salud! Oye, ¿pero por qué Geisha?

FI: Era verano y no nos fuimos de vacaciones. No teníamos.

Javiera Gómez: Estábamos trabajando las dos. Fernanda empezó a subir historias a su Instagram del libro de la Geisha Chilena. No éramos amigas aún y empezamos a hablar después de que yo le escribí por el libro. Yo también me estaba leyendo uno que era sobre una geisha. Y era bacán ver el de Fernanda, porque era todo lo que yo veía en mi libro pero en una situación mucho más coloquial.

FI: Mucho más como de acá, ¿cachái?

DM: Entonces el motivo de la geisha fue realmente lo que las unió. ¿El libro de Anita Alvarado de qué año es?

FI: Es del 2002. Es que yo amaba a la Geisha antes de encontrarme con el libro. Sabía todo el rato lo del disco de la Geisha, veía Anita sin filtro en Youtube… Yo amo a la Geisha. Y cuando vi el libro le dije a mi jefa, «oye, ¿me puedo llevar este libro?». Y me dijo, «te lo regalo».

DM: ¿Está escrito por ella? ¿O alguien narra la historia?

JG: Es autobiográfico.

FI: Pero no es que ella se haya sentado a escribirlo. No. Pero son sus palabras. De hecho, el libro es súper entretenido, súper rápido. Parte como: los Alvarado, que es ella y su familia. La loca es oriunda de El Bosque. Cuenta todo desde su infancia. Cómo desde pendeja empezó a conseguir cosas. Lo que quería, ¿cachái? Hasta que llegó a la prostitución.

DM: Y Javiera, ¿cuál es el libro que estabas leyendo tú?

JG: Se llama Vida de una mujer amorosa de Ihara Saikaku. Es del siglo XVII. El autor narra historias que pasan en el mundo flotante japonés, en plena efervescencia económica. Tiene que ver con algo parecido al libro de la Anita. Es una historia media trágica. Parte cuando la protagonista se encuentra con dos locos en el camino y les cuenta, «hueón, yo fui muy linda, yo fui bacán, yo fui hermosa, yo conseguí todo lo que quise porque era geisha». Y la hueona está botada. En definitiva, la loca se pierde del mundo y termina siendo cualquier cosa. Pero estos locos empiezan a escuchar la historia desde el comienzo, que parte muy similar al libro de la Geisha, cuando sus papás la venden a una casa para que sea maiko, sirvienta. Y ahí la loca aprende y va escalando. Y en esas escaladas se empieza a meter con gente más o menos poderosa, y eso la va llevando por diferentes ciudades.

DM: ¿De dónde viene esta fijación por la figura de la geisha?

FI: Yo en lo personal estoy obsesionada con la prostitución. Pero no solamente como intercambio sexual, yo creo que todo está prostituido. Todo es prostitución. Es mi lema de vida. Por eso encuentro bacán a la Geisha. Pero las geishas japonesas son miradas mucho más que como simples prostitutas, son como artistas.

DM: Al final del texto que publicaron aparece eso. La definición de geisha. Acá la tengo. «Una geisha es una artista tradicional japonesa, cuyas labores constituyen, tras un aprendizaje que podía ser tanto desde los 15 años o de la infancia, en entretener en fiestas, reuniones o banquetes tanto exclusivamente femeninos o masculinos como mixtos».

FI: Es una persona que entretiene. No todo el mundo puede hacerlo.

DM: ¿Y tú te consideras una especie de geisha?

FI: Yo sí. Pero abiertamente porque igual yo soy puta para todas las hueás.

DM: ¿Y tú, Javiera?

JG: Siempre me ha interesado la literatura de mujeres, y mi colección personal de libros siempre tiene que ver con eso. Literatura japonesa de antes del siglo XX. Y sucede que antiguamente quienes escribían eran mujeres –no solo las geishas, sino gente cortesana–. Porque son mujeres que tienen tiempo de ocio. Son introspectivas. Y esa figura como de la mujer aislada, media mística, a mí me fascina. Independiente de la geisha que es prostituta, también la geisha tiene esa hueá de que pasa toda su vida estudiando modales, estudiando costumbres, ritos. Maneras de comportarse socialmente. Para mí es como pensar hasta qué punto puedes estudiar todo lo que te rodea. Hay normas y comportamientos que hasta el día de hoy se siguen replicando en las ciudades japonesas.

FI: En el fondo, Chile es el némesis de Japón. Onda, allá están en el futuro, acá es de día y allá es de noche, compartimos el mismo océano, cuando acá tiembla allá hay un tsunami. Y yo creo que es demasiado notorio que hay una influencia japonesa en nuestra generación. No es un accidente que todos los hueones estén haciendo hueás con animación, o con visiones de Japón, porque en el fondo igual es nuestra generación, post dictadura y con todo esto de la llegada de internet y la hueá de ser un poco nerd, en el fondo igual compartimos eso de ser un poco otakus.

DM: ¿A los chilenos les hace sentido lo japonés? ¿Eso quieres decir?

FI: Igual piensa que era la única hueá que había en la televisión abierta. Y después igual. Yo cruzaba desde Puente Alto hasta el Portal Lyon o el Eurocentro para comprarme los DVD’s de Evangelion.

JG: Y una hueá media como dark triste, como de los metaleros y los otakus, que es como una identidad muy chilena. Una cosa melancólica que te une al resto solo por el hecho de ser triste. Todo esto se ve caleta en nuestra generación.

DM: Visitar a la Geisha en su casa igual es muy bacán.

FI: ¿No y que ella te reciba como si fueras un amigo? Dijo que encontraba muy bacán que hiciéramos algo con lo que no estuviéramos ganando plata. Cachái que llevamos sesenta copias impresas de Geisha. Imprimimos tirajes de veinte y ya no existen. Y la gente los paga porque vale tres lucas.

DM: ¿Y cómo construyeron el libro? Para mí es un libro de artista, porque son puros recortes. ¿Escriben en algún momento? ¿Está la voz de ustedes?

JG: Hay unos poemas de Fernanda Ivanna, y el texto final es mío.

FI: El de la Kim Kardashian y el sushi de la Gran Avenida es de la Javi. Y el resto son recortes directos de los dos libros. Es como un pastiche de un montón de cosas. Hay plagio, poemas y textos narrativos. Es literatura experimental.

JG: Claro, pero también está súper enfocado en experimentar literalmente, así como decir: ya, qué pasa si yo trabajo con una hueona que no conozco, sobre una persona que no conozco, y que en ese momento no íbamos a conocer tampoco. Todo el libro tiene una cuestión como de poder alcanzar una conexión con un otro que finalmente nunca se logra.

DM: Y hoy, que acaban de conocer a la Geisha, ¿qué fue lo que más les cautivó?

JG: Ella es muy cálida.

FI: Es una mamá.

JG: Es afectiva.

FI: Es una persona como uno. Es muy normal, muy hospitalaria.

DM: Es literalmente una geisha.

JG: Sí, una geisha.

FI: Sí. Cuando llegamos nos dijo: les pongo las sillas, ¿quieren té, café o Coca-cola?

JG: Tiene perfecto manejo de los tiempos y las pausas. Onda: Ay, ¿quieren agua? Sacó cigarros. Tiene todos sus modos pauteados, pero muy natural. Sabe cómo llevar perfectamente una conversación de principio a fin, sin que haya un tiempo en que tú dices: oh, esta hueá está siendo incómoda.

FI: También dijo: tengo un árbol de naranjas, saquen naranjas, llévenselas en el bolso. Como que no te vas con las manos vacías de su casa.

JG: Es tierna. Muy amorosa.

DM: ¡Qué amable!

FI: Exacto. La Geisha es amada. ¡Hola, disculpe! Me puede traer mi celular por favor. Sí, con cargador y todo.

 

Diego Maureira

Diego Maureira

(Santiago de Chile) Licenciado en Artes con mención en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile. Se desempeña actualmente como ayudante en cátedras de arte moderno y contemporáneo, y ha publicado ensayos e investigaciones ligadas al arte chileno de las últimas décadas.
Diego Maureira