DESASTRE RECOMIENDA| “Alguien camina sobre tu tumba” de Mariana Enríquez| Por Tomás Henríquez

La fascinación por los cementerios de Mariana Enriquez comenzó una vez que estuvo en Génova, Italia, en un viaje de vacaciones con su madre, y conoció a un músico callejero. Era un desairado violinista, de belleza incierta pero idealizada, con el que pasó unos días y —según confiesa— volvió a sentirse adolescente. Corría 1997, y luego de largas caminatas y conversaciones, ambos terminaron en Staglieno, el principal cementerio de la ciudad. Pero no estaban ahí para ver las tumbas famosas que aconseja el turismo, sino para sorprenderse con otro tipo de detalles y secretos. En medio de la oscuridad y el silencio, en la mutua complicidad que solo pueden tener dos perfectos desconocidos, hicieron que por un momento el tiempo se suspendiera, se admiraron a escondidas, y consumaron el que terminaría siendo un romance tan furtivo como pasajero.

Esta es la primera de las varias anécdotas que componen Alguien camina sobre tu tumba, un conjunto de crónicas que la autora argentina publicó durante el 2013, y que recientemente ha sido re-editado en Chile por Editorial Montacerdos. Se trata de una suerte de cartografía personal de sus visitas a distintos cementerios alrededor del mundo, en las que más que de amor, indaga sobre su propia fascinación estética y narrativa por lugares de muertos. Lima, Frankfurt, La Habana, Nueva Orleans, París, Memphis, entre otras. En cada ciudad describe las diferentes morfologías culturales del rito mortuorio, y pasa revista a una serie de anécdotas, algunas de tono folclórico, otras paranormales, en las que se dejan ver todo tipo de personajes. Vidas excéntricas, apasionadas, milagrosas. Muertes trágicas, impasibles o violentas. Las historias que no conoce, Enriquez las inventa. Así, especula en torno a la personalidad de un muerto por su lápida, foto, o por la poesía que hay en su inscripción fúnebre. También rastrea la presencia de los cementerios que visita en el cine o la literatura. Su afición es tal que termina confesando cuáles son los que le falta por conocer e incluso después de publicar el libro los sigue visitando (su instagram así lo confirma).

A primera vista, el pie forzado es al mismo tiempo una excusa que le permite conocer historias, no solo de los que ahí están enterrados, sino de los vivos que los custodian. Porque así como ignoramos mucho de lo que hay bajo tierra, también hay otros secretos e historias que se dejan leer con aterradora facilidad. Lo sabemos: un cementerio es una ciudad en miniatura. Con sus monumentos, palacios, y a veces exóticas formas de entender la arquitectura. Con sus mansiones y castillos, pero también con sus extensos sitios barriales, tan populosos como precarizados. Con sus periferias, anonimatos y clandestinajes. De alguna forma, un cementerio reproduce la planificación urbana de la ciudad que lo cobija. Y quizás sea por esa razón que este conjunto de textos, saturado de atributos y lecturas posibles, incluso bien podría funcionar como guía turística, o como mapa de los imperdibles para nuestra próximo paseo.

Enríquez, conocida por sus relatos de terror, hace que estas crónicas sean prolijos y sugerentes textos. Su prosa es sensible, poco pretenciosa, llana, y por eso mismo a ratos incluso chistosa. Es fácil enamorarse de la muerte al pensar que a uno pueden enterrarlo aquí, dice la autora, citando a Mary Shelley. Referencia nada casual si miramos el tono con el que describe cada lugar, y que pareciera es justamente como ella misma quiere verse: como una ninfa decadentista, de oscuro y gótico semblante cuyo sino trágico, hoy diríase incluso emo, la hizo persistir en una obsesión desaforada: la recolección de tumbas para escribir un libro sobre ellas. Porque la autora —así se lo propone— quiere hacer aparecer el espanto allí donde convive lo familiar y lo cotidiano. Y lo logra, aunque con bemoles. Ya que si bien muchos de sus textos con sutileza logran producir algo macabro, otros se pierden en la anécdota o bien son simplemente prescindibles.

De cualquier forma, Alguien camina sobre tu tumba no solo da cuenta de que la escritora viaja mucho. También exhibe la vitalidad y potencia que posee su interés por el género de terror. Será porque la muerte es un tema que nunca perderá vigencia. Ha sido y seguirá siendo siempre el gran misterio. Porque son muchas las paradojas y contradicciones vitales que conlleva la bendita muerte. Tantas que el sin sentido de sus ritos y ceremonias a veces incluso, la hacen parecer ridícula. Es allí, en medio de la tragedia, que de vez en cuando se asoma lo risible. Eso parece buscar Mariana Enriquez. La empatía con ese momento tan humano pero desconocido. Tan misterioso como inevitable. Por eso es mejor relacionarse con los muertos: no solo porque son bastante más que los vivos, ni porque no te pueden reclamar si uno los fustiga, sino porque son los principales protagonistas de una pasión de la que nadie está exento. Como cita la autora, la pálida muerte entra por igual en las cabañas de los pobres que en los palacios de los reyes. Y harta razón tiene.

 

Alguien camina sobre tu tumba
Mariana Enriquez
Ed. Montacerdos, 2018
280 Páginas